Atropello a uno de los nuestros

DEPORTES

El celtismo se echó a la calle cuando el Celta padeció aquel descenso administrativo no consumado finalmente. El deportivismo suena como una sola voz a la hora de defender a Valerón de las miles de patadas que recibe. En Galicia, todos estábamos indignados cuando a David Cal no le aparecía patrocinador alguno. Con nuestros equipos de fútbol y con nuestros deportistas siempre encontramos la senda de la unidad. Somos generosos. A veces, sin espíritu crítico alguno, nos enfundamos la camiseta y defendemos a muerte cosas que son incluso indefendibles. Todo por unos colores, por una pasión, por un paisanaje. A González Vázquez, árbitro, y gallego, nos lo están linchando las hordas del más rancio merenguismo. Florentino Pérez ha conseguido la cuadratura del círculo. A la misma velocidad que ha transformado al Madrid en un gigante de dimensión mundial, está haciendo desaparecer toda su grandeza histórica. Cuanto más gigante, más pequeño. Todo un Madrid, de más de 300 millones de euros de presupuesto, preocupado por un tal Bernardino. Y se preocupa tanto que le insulta y le acusa no ya de lo que presuntamente ha hecho, sino de lo que hará. A pesar de esto, no habrá manifestaciones públicas -excepción hecha de algunas voces que recoge este periódico en esta misma página- arropando a González Vázquez, como si no fuera uno de los nuestros. Pero resulta que sí lo es, que es un deportista, gallego y víctima de uno de los atropellos más grandes a los que hemos asistido en los últimos tiempos.