España la pifia de nuevo

Ignacio Tylko

DEPORTES

Félix Ordónez

La selección ya no depende de sí misma para ser líder de grupo después de empatar ante Serbia un partido que había encarrilado en la primera parte.

08 sep 2005 . Actualizado a las 07:00 h.

España, que brilló en la mejor primera mitad de la era Luis Aragonés, se complicó sobremanera su pase para el Mundial de Alemania por el agotamiento físico, la incapacidad para matar el partido cuando tuvo a los serbios desencajados y el grave error que siempre supone pensar en mantener el exiguo 1-0. No por conocida, su alarmante falta de pegada fue una merma fatal. Kezman, en una acción muy afortunada, logró una igualada de oro que consolida a su selección como líder. Sólo si los balcánicos pinchan ante Lituania y/o Bosnia y España gana en Bélgica y golea a San Marino, la selección nacional evitará la repesca. Duro castigo que España se merece no por lo de anoche, ya que debió ganar, aunque en la segunda parte se vino abajo y regaló por completo el centro del campo, sino por ser incapaz de vencer antes a rivales de medio pelo. Quien no gana a Lituania, ni dos veces a Bosnia, nunca puede acudir a una Copa del Mundo como campeón de grupo. El combinado de Aragonés dilapidó la ventaja y el optimismo que acumuló en el primer tiempo. Logró lo más difícil quizás antes de lo esperado. Raúl abrió la lata serbia en el minuto 18. Córner bien tocado por Xavi y el ariete merengue que se anticipa, hace un escorzo increíble y la cuela por la escuadra. Un tanto que dejaba atrás muchos minutos de imbatibilidad por parte de la defensa visitante. Con la selección desenfrenada y en otro testarazo inverosímil, Raúl pudo sentenciar pero esta vez se estrelló contra el palo. Son esas sontradicciones del fútbol, siempre dado a la sorpresa. Luis se hartó de proclamar a los cuatro vientos que había que rasear, que por arriba no había nada que hacer, pero el gol fundamental llegó a balón parado, de cabeza y no precisamente anotado por un gigante. El 1-0 hacía justicia al notable juego de una selección que superó de cabo a rabo a una Serbia ultradefensiva, experta y tremendamente ordenada, pero incapaz de meter otra velocidad al partido si el luminoso no le beneficia. Apoyada por un público volcado, aunque El Manzanares no se llenó, España superó en la primera parte las expectativas, ya que sus antecedentes no invitaban precisamente al optimismo. Jugó como mandan los cánones, académicamente de libro. Tan de manual que a veces su juego se hace previsible porque no ofrece alternativas. No es vistoso, pero en ocasiones da resultado dar un pelotazo y buscar el rechace. También ensayar el disparo desde lejos. Con ritmo, pero sin prisas y con rapidez, pero a la vez con pausa, España supo leer el partido en ese primer período. Funcionó en todas sus líneas. Puyol, inmenso, fue un castigo para Kezman, sólo ante el peligro hasta que en la segunda parte encontró el apoyo del interminable Zigic, con pinta más de pívot de baloncesto que de delantero (2,02 metros mide la criatura del Estrella Roja). Mención especial en ese tiempo para Xabi Alonso, que jugó por la sanción de Albelda pero impartió una lección hasta que le faltó oxígeno. No defiende tanto el donostiarra como el valenciano, aunque en el Liverpool ha mejorado mucho, pero atesora mucho más fútbol. El ex jugador de la Real Sociedad equilibra como pocos futbolistas. Sabe cuando hay que tocar en corto, en largo, adelantarse o esperar. Hace fluir el juego, aumenta el caudal de fútbol y se complementa muy bien con el azulgrana Xavi, otro de los destacados en ese primer período. Pero el fútbol son goles y con semejante baño a los serbios, el 1-0 se antojaba muy inquietante. Los peores presagios se cumplieron en la reanudación, donde todo se vino abajo. Luis Aragonés retiró del campo a Torres, Joaquín y Vicente (cambios que siempre son discutibles). Entonces Raúl se ahogó, Xabi Alonso y Xavi se perdieron, y la zaga se mostró endeble. Hasta falló Casillas, que erró en el empate. Y pudo haber sido peor en el tramo final. Ahora, toca rezar y esperar. Nada nuevo, por otra parte, en la atribulada trayectoria de España. En realidad, más de lo mismo.