Coloccini se coronó con El Virrey

Pablo Gómez Cundíns
Pablo Gómez REDACCIÓN

DEPORTES

XOSÉ CASTRO

Ramón Madoni se lo llevó de Argentinos Juniors a Boca, pero fue Carlos Bianchi el que le dio la alternativa en Primera División, en un duelo contra Unión de Santa Fe.

07 sep 2005 . Actualizado a las 07:00 h.

A Carlitos Bianchi le llaman El Virrey desde su época en el banquillo de Vélez Sarsfield, en homenaje a la histórica figura de Santiago Liniers, alférez de fragata español que también fue Virrey. Quien lo bautizó argumentaba que lo tenía todo controlado. El mote caló porque atrapa toda la personalidad del ahora técnico del Atlético de Madrid, el próximo rival del Deportivo. Toda, salvo un matiz. Bianchi tiene ojo para el fútbol. Esto puede parecer una obviedad, si no fuese porque El Virrey no se limita a dirigir un equipo repetidamente hacia el título, como consiguen otros de vez en cuando. Bianchi les da a sus clubes un valor añadido. El de cantera del mundo. Pasó en Vélez y volvió a suceder en Boca Juniors, que ya supone la mitad más uno del referente del fútbol argentino en el mundo. Y lo hace impulsando (que no descubriendo) constantemente futbolistas jóvenes que, invariablemente, triunfarán en la elite del balompié. Uno de ellos, el deportivista Fabricio Coloccini. Al Colocho se lo atribuyen infinidad de entrenadores. Bilardo, Griffa... pero la paternidad futbolística se la reparten su papá biológico, Osvaldo Inri, y Ramón Madoni, capo de las inferiores de Argentinos Juniors que se fue a Boca y arrastró a sus pibes. Madoni dio el primer paso. Riquelme, La Paglia, Marinelli y Coloccini, entre otros eran su apuesta, bastante segura, por cierto. Pero Carlos Bianchi, desde el banco de la Bombonera, tomó el mando y le echó el valor que se le presuponía al virrey Santiago Liniers. Avisó a un Coloccini de apenas diecisiete años que venía de disputar el sudamericano sub 17 (el de Uruguay 99). -¡Eh, pibe! El sábado jugás ante el Tate (Unión de Santa Fe). -Macanudo. -¿Te cagás? -No, al contrario. Y vaya si no se cagó. Dos a dos, último partido del campeonato y golazo de cabeza del Colocho. El resto de la historia fue de vértigo. Fabricio se apoyó en el trampolín de Bianchi y dio el salto hacia el Milan, nada menos. Y después, San Lorenzo (el de sus amores), Alavés, Atlético de Madrid, Villarreal, Milan de nuevo y Deportivo, con todavía veintitrés años. ¿Alguien recuerda que todo comenzó con el Virrey? Coloccini, por supuesto. «Él fue el que me hizo debutar en Primera, eso no se olvida», agradece. Cierto es que el contacto no es estrecho, la distancia mata, pero el deportivista se siente en deuda. «Me entrené con él un año y medio. Era un niño y estaba empezando. Y muy bien. Es un hombre muy trabajador, igual que la gente que le rodea», explica. «Es muy paternalista, pero en el buen sentido. Siempre está encima para que no decaigas, y a todos los jugadores de Boca les sacó el máximo rendimiento. A todos», añade. «A mí me ayudó muchísimo porque me hizo debutar y me dio a conocer a todo el fútbol argentino, porque justo estaba empezando», concluye. Antes, en la sala de prensa, Coloccini regaló flores: «Bianchi lo ganó todo. Tiene experiencia en el fútbol internacional y armará un equipo que opte a los títulos». Ya en privado, quiso enviar sus condolencias por el reciente fallecimiento de la madre del entrenador del Atlético. Quizás pasado mañana por la noche no puedan cruzarse más allá del saludo de rigor, previo al inicio del encuentro. Una lesión mantuvo a Coloccini alejado de la competición hasta hace cinco días. «Ante Paraguay no me encontré de la mejor forma, algo lógico, pero lo importante es que la rodilla no se resintió», resumió el defensa central del Deportivo. Su entrada podría dar al traste con la intención pública de Caparrós de jugar con un central diestro y otro zurdo, a menos que el argentino tomase el puesto de Jorge Andrade e hiciese pareja con Juanma.