Dos días después de la mayor decepción de su vida deportiva, Óscar Pereiro gana la última etapa de los Pirineos y afianza la segunda posición en la general de la montaña
19 jul 2005 . Actualizado a las 07:00 h.El ciclismo gallego escribió una de las páginas más brillantes de su historia el día en que el Tour de Francia se despedía de los Pirineos. En Pau, precisamente en la ciudad en la que Regis Simon le birló a Álvaro Pino una etapa hace ya veinte años, su discípulo, Óscar Pereiro, firmó un triunfo épico, el primero, con permiso de Vicente López Carril (nació en Boqueixón, pero se formó en Asturias), de un ciclista gallego en la ronda francesa. «He callado muchas bocas con esta victoria». Sus palabras mitigaban algunas críticas y le daban a Phonak su primer triunfo en sus dos participaciones en el Tour. Pereiro no quiso esperar mucho tiempo para resarcirse de una victoria que consideraba suya, la del domingo. Así que 48 horas después, atacó al grupo más selecto del Tour, incluido Lance Armstrong, en la subida al Marie-Blanque para irse en busca de un grupo de fugados y de la gloria. El ciclista gallego ha ganado en su segunda participación en el Tour. En la primera, el año pasado, acabó décimo en la general. Campeón de España de ciclo-cross sub 23 en 1998 y 1999, se decidió por la carretera gracias a los consejos del valenciano Paco Plá, del médico de la selección, y del doctor Iñaki Iñigo. Finalmente, fue Álvaro Pino quien en diciembre del 2001 le abrió las puertas del Phonak tras pasar un par de temporadas en el ciclismo portugués. Viajaba en coche con María, la que hoy es su mujer cuando recibió la llamada de Pino: «Óscar, te puedo hacer un hueco en Phonak». Pereiro paró el coche, se echó a llorar y se abrazó a María, quien hoy es su mujer. En el ciclismo español, era, como muchos otros, un número en la estadísticas de ciclistas que corren fuera de su país. Sólo Pino apreció sus condiciones. Y Óscar es agradecido, así que cuanso a su director le escogieron como cabeza de turco de todos los problemas de Phonak en la actual pretemporada, él se atrevió a levantar la voz. A los 27 años, cumple los 28 el 3 de agosto, ya ha hecho cosas importantes. En su primer Giro de Italia fue undécimo. Ganó la etapa reina de la Vuelta a Suiza en 2003 y la clásica de los Alpes en 2004. Hace apenas un mes amplió su contrato con el Phonak -hasta diciembre del 2007- y en una de las cláusulas exigió que ficharan también al joven corredor gallego Fernández Oliveira. Después de saborear un décimo puesto en el Tour del año pasado, Pereiro tenía otra ambición. Quería ganar una etapa. Y no ha cejado en el empeño hasta que lo ha conseguido. Ha tenido la libertad de su equipo y la ha aprovechado. No se equivocaron, ni Óscar, ni su equipo. «He atacado porque los que iban delante llevaban 5 minutos. Sabía que de salida no me iban a dejar escapar por la clasificación de la montaña. Si pasaba primero por el Marie-Blanque podía ser un buen día». Y pasó. El juvenil del domingo manejó la carrera el martes. Por delante, un rosario de corredores; entre ellos el también gallego y amigo (entrenan juntos) Marcos Serrano, quien también ha firmado una etapa memorable. Poco a poco, fue atrapando restos de fugas anteriores. Coronó en segundo lugar el temible Aubisque y se unió a Evans. Pero las victorias de Óscar Pereiro llevan el sello inconfundible de su espíritu guerrero e indomable. Una avería mecánica -«llevo una bicicleta especial que no tiene huecos y se me ha metido que me bloqueaba la rueda», explicaría después- le descolgó de Mazzoleni y de Evans, pero, en compañía de Zandio, volvió una vez más al grupo de cabeza. La renta era suficiente como para que los cuatro se jugaran el triunfo de etapa. Esta vez, el trabajo ingrato le tocó a un Cadel Evans que buscaba un lugar entre los diez primeros clasificados. A 300 metros para la meta, Pereiro apretó los dientes, remontó a Evans y aguantó a Mazzoleni y a Zandio. Esta vez sí. El corredor más batallador del Tour 2005, el simpático y menudo Cascarilla de los inicios en el ciclismo firmaba el día más feliz de su vida. Y del ciclismo gallego. Por María y por Juan, el hijo que llegará en octubre.