La candidatura española quedó apeada en la tercera votación por dos votos
06 jul 2005 . Actualizado a las 07:00 h.A la una menos veinticinco de ayer, Madrid se despertaba con lágrimas de un sueño que la había ilusionado durante los dos últimos años: ser la ciudad que albergara los Juegos Olímpicos del 2012. Las esperanzas se difuminaron de golpe cuando el presidente del Comité Olímpico Internacional, Jacques Rogge, decía tras la tercera elección de sus integrantes: «La ciudad que queda fuera de la siguiente votación es Madrid». Setenta y cinco minutos después, Londres ascendía a los cielos con su elección como la capital que albergará los trigésimos Juegos Olímpicos de la era moderna. De paso, enviaba al infierno a París, la favorita. La tercera votación. Ése era el temor de todos los integrantes de la delegación española. Y la amenaza se cumplió. La candidatura española no logró sumar por dos votos (obtuvo 31) los apoyos necesarios para superar a los de Londres (39) y París (33), las dos ciudades que llegaron en volandas al esprint final. No hubo sorpresas, y el papel de tapado que ejercía la capital de España no encontró hueco por el que meterse para dejar atrás a las dos capitales que partían como favoritas. También como se esperaba, los miembros del COI dejaban en la cuneta a la primera oportunidad a Moscú (se quedó con 15 votos), un proyecto que estaba cogido con alfileres. Éste era el deseo de los responsables españoles, que esperaban sumar los apoyos de los rusos. Y éstos fueron los que sirvieron para que Madrid se alzara como la candidata más apoyada (32 votos) en la segunda elección, que dejó por detrás a Londres (27) y París (25), siendo Nueva York (16), la siguiente ciudad eliminada. Y llegó la tercera. Era el rubicón que necesitaba cruzar Madrid para alzarse con la victoria, pues si llegaba a la final, se decía que contaría con el respaldo de la mayoría de los votos de la favorita que quedara apartada. Pero fallaron algunos cálculos, y los integrantes del COI que avalaron a la capital estadounidense mantuvieron el espíritu anglosajón y trasladaron su apoyo a Londres. Las esperanzas de Madrid se desvanecieron por dos míseros votos.? De poco había servido la apasionante defensa que había hecho la delegación española, con seis vídeos, a cada cual más colorido, ni las repetidas intervenciones públicas en que se insistía en que se podía y se iba a ganar porque se disfrutaba del mayor apoyo popular y el 83% de las instalaciones hechas realidad «o en fase de construcción». No fue suficiente. Como se preveía, el poder político y de influencia de Londres y París resultaron más decisivas, aunque será difícil saber si las bombas de profundidad que lanzó el príncipe Alberto de Mónaco con su pregunta sobre la seguridad repercutieron negativamente en los electores. Pero ninguna ciudad ha logrado ser elegida en la primera ocasión en que se presenta. A los que no les explotó nada, salvo la euforia, fue a la delegación británica, cuyos integrantes saltaron con los brazos en alto y sentidos gritos de alegría cuando Jacques Rogge indicó: «El Comité Olímpico Internacional anuncia que los Juegos Olímpicos de la trigésimo Olimpiada en el 2012 se celebrarán en la ciudad de... Londres». Será la primera ciudad del mundo que acoja por tercera vez este magno acontecimiento deportivo, tras las ediciones de 1908 y 1948. Y todos gracias a los votos que dejó Madrid, que se presentará a los Juegos del 2016 o del 2020. El presidente del gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, apuntó después del decepcionante resultado que se encontraba «razonablemente satisfecho» por el camino recorrido por la candidatura española. «Madrid ha hecho una gran labor, ha llegado muy lejos en poco tiempo y ha estado cerca», dijo. «España tiene vocación olímpica, ya tuvimos Barcelona y hay que seguir intentándolo, hay tiempo por delante y será la ciudad de Madrid la que decida», añadió el jefe del Ejecutivo. Las autoridades francesas no encajaron el golpe con la misma deportividad. El alcalde de París, Bertrand Delanoe, fue el más contundente: «No me lo explico y muchos miembros del COI me han dicho que tampoco lo entienden», aseguró. «Ayer, cuando me fui a dormir, había gente que acababa de reunirse con Blair. No sé qué incidencia tuvo. Para mí, para ganar, hay que tener la mejor candidatura», ironizó Bertrand Delanoe. «Es una gran decepción y no me puedo explicar lo que pasó», concluyó.