El «Alinghi», último vencedor del prestigioso trofeo de vela, presenta en Valencia su barco sin la presión de los resultados. Sólo le falta conocer el barco que le rete en el 2007.
19 jun 2005 . Actualizado a las 07:00 h.¿Un deporte en el que los invitados desayunan barra libre de Moët Chandon y frutas del bosque? Sólo puede ser la vela. Los actos 4 y 5 de la Louis Vuitton Cup, la previa de la Copa América, mantienen en vilo a los aspirantes, pero se llevan mejor si uno tiene la plaza en la final. El Alinghi , ganador de la última edición, aprovechó estas regatas, disputadas en Valencia, para ajustar su maquinaria y presentar la embarcación. «Yo soy¿ digamos que el conductor», dice Ed Baird, patrón del Alinghi . Estadounidense, es uno de los líderes del barco que ha devuelto a Europa la Copa de las Cien Guineas después de siglo y medio. Lo hizo una embarcación con bandera de uno de los pocos estados europeos sin mar, Suiza. «Tenemos gente de 18 países distintos -explica Baird-, y nos entendemos en inglés. Menos mal: es el único idioma que hablo». El Alinghi compite sin presión en la Louis Vuitton. Su presencia en las regatas le sirve de entrenamiento: de ellas saldrá el barco que lo retará en el 2007. Los tripulantes admiten que esta vez trabajan más tranquilos que cuando tuvieron que vencer al New Zealand , y confiesan que los viernes no hay quien les prive de unas pintas. «Si comparas los barcos, te parecerán todos iguales, pero hay cositas, piezas, que al final deciden», cuenta Baird. El equipo y los patrocinadores decidieron hacer de la primera jornada de competición una fiesta para que sus invitados conociesen su proyecto y la ciudad. Y lo hicieron a todo tren, como está escrito en la vela. Unas 200 personas se reunieron el jueves en la carpa que el Alinghi ha colocado ante lo que será el edificio de su base, aún en construcción, dispuestas a atender a las explicaciones de Baird mientras se tomaban champán, pinchos de embutido ibérico y, los más modosos, desayunos bien provistos. Luego, los marinos los llevarían en otro barco, este a motor, para explicarles las no siempre muy comprensibles reglas de su deporte. Fuera del puerto, los valencianos no han notado el impacto de la Copa América. «Cuando hay cualquier feria -explica Francisco Cambronero, taxista- haces más carreras, se ve a la gente por la calle. Ahora, lo único que veo es que los precios han subido». Al mundo real la barra libre no ha llegado.