El Celta pasa de la gloria a la angustia al caer con el Éibar

Víctor López

DEPORTES

Los célticos tienen ahora que vencer al Lleida para poder reeditar su ascenso

12 jun 2005 . Actualizado a las 07:00 h.

El Celta no está en Primera. Será en Lleida donde pueda obtener un ascenso que la semana pasada parecía garantizado. Ahora sólo los Comités pueden enmendar por un lado que un error burocrático y por otro que Canobbio pueda estar presente en el partido decisivo de la temporada. Por primera vez en toda la Liga, el cuadro vigués salió en Balaídos con una ventaja palpable del factor campo. La afición compareció para rescatar a un equipo agotado mentalmente por el hurto jurídico de un ascenso deportivo merecido. El Éibar no hizo el pasillo anunciado. Por contra el Celta le habilitó un corredor de lujo durante media hora. Los célticos tenían delante a un rival que ha exprimido hasta el final sus escasas dotes técnicas, gracias a un perfecto trabajo táctico. La disciplina eibarresa podía con el corazón celeste. A los puntos lograron arrinconar a los celestes que parecían esperar en su esquina a que pasase algo. Para desgracia viguesa sucedió. Varela envió un centro, de los que llaman puerta atrás, a la defensa local. Llorente apareció para rematar a gol. Fue un mazazo de tal calibre que el Celta se quedó groggy. En unos minutos el contrario le pudo machacar y enviarle a la lona. Las bandas eran inútiles con el planteamiento vasco. El Celta no era capaz de iniciar un ataque por el centro, ni de desbordar por sus alas. Necesitaba un cambio y lo tuvo. Estaba atado por un contrario que había estudiado su 4-1-4-1 y sabía como desmoronarlo. Vázquez lo vio desde el palco, ya que estaba sancionado, y le dio a su equipo oxígeno. El desvanecimiento del líder había terminado. Isaac y Sánchez sustituyeron a Manolo y Jontahan. Ahora el Éibar sí tenía un problema, y lo padeció hasta el descanso. El Celta creó tres oportunidades de gol, en una el árbitro pudo señalar un penalti de Karmona a Canobbio. En las otras Vryzas y Jandro pusieron por fin a la grada en pie. El intermedio salvó al conjunto de Mendilíbar que ya tenía en mente que debía tapar este agujero negro que les habían creado. Las segundas partes nunca fueron buenas, y la de un ascenso menos. El Celta salió tan revolucionado en la segunda mitad que no parecía que le quedasen 45 minutos de rodaje para la gloria. Fríamente no era ni es así, porque además siempre quedaba la visita a Lleida. Íñigo pudo certificar la candidatura eibarresa y convertirlo en el aspirante al ascenso que varios quisieron destronar. Falló un gol fácil pero otra vez su equipo parecía más entero. Las soluciones de Vázquez, en vista de que Vryzas seguía estando tan torpe como siempre, pasaban por intentar que Gustavo López ofreciese una genialidad. Al técnico rival con menos posibilidades para la sorpresa le dio por colocar al gijonés Alberto Suárez en el campo. Tan desconocido como efectivo. Al minuto de entrar en el campo logró hacer el 0-2. Balaídos enmudeció. Al Celta le habían arrollado por dos veces en sólo unos días fatales. De repente surgió la esperanza. Salió uno de esos miles de intentos de colgar balones para Vryzas. El griego tocó y Sánchez, que eso lo hace perfecto, culminó. En el palco Félix Carnero hablaba con Vázquez que suplicaba un milagro desde su interior. No lo hubo y para colmo el árbitro expulsó injustamente a Canobbio que ahora es duda por sanción para la visita a tierras catalanas. Al final la grada emitió su veredicto. Aplausos para los jugadores y gritos de: ¡Dimisión!, dirigidos al palco. La semana más caliente está por llegar. El celtismo lo sabe y tendrá que hacérselo ver a su equipo. Queda otro asalto más.