Análisis | Los días más negros del Ourense Baloncesto | Más de 12 millones de euros en ayudas públicas y medio centenar de jugadores americanos desde 1995 no han servido para frenar el descalabro de la entidad ourensana
17 may 2005 . Actualizado a las 07:00 h.El baloncesto ourensano vive sus días más tristes. Veinte años después vuelve a militar en la tercera categoría del baloncesto español, adentrándose en una LEB 2 desconocida. La traumática caída supone el desenlace a una década de permanente convulsión. De desenfreno económico, a costa de las instituciones públicas ourensanas, y de mercadeo insistente de jugadores norteamericanos. Más de dos mil millones de las antiguas pesetas (unos 12 millones de euros) fraccionados en ayudas anuales por valor de 661.113 euros más la condonación de de la deuda con Hacienda, y medio centenar de extranjeros, componen las astronómicas y reveladoras cifras. La cuenta atrás para la debacle del COB comenzó en 1995. Después de dos históricos octavos puestos en la Liga ACB, los ourensanos comenzaron su recesión salvándose en la penúltima jornada en Salamanca. A continuación, dos años con play off de permanencia y al tercero descenso a la LEB. Para entonces ya se había producido el desembarco político en O Pazo. Eran los tiempos de José Manuel Baltar Blanco y de los récords de cambios por temporada. Ocho americanos vistieron la elástica cobista en el ejercicio 96/97 y hasta 17 condujeron al club hacia su primer desastre al año siguiente. El equipo visitó por primera vez la LEB con un agujero cercano a los tres millones de euros y cuando logró el billete de regreso a la ACB en Menorca dos años después la Diputación, con los votos favorables del PP y el PSOE se hizo cargo de una deuda de 3,7 millones para que la patronal de clubes admitiese a Ourense entre los elegidos. El caos volvió al año siguiente con descenso incluido. José María Baños, el interventor de la Diputación provincial se hizo cargo del equipo, pero el hombre de los números de la provincia no consiguió cuadrarlos. Los indicios apuntan a unos gastos aquel ejercicio superior a los 4 millones. Ese año, 2001, se cerraron quizás para siempre las puertas de la ACB. Llegó José Antonio Artigas, rebotado de Inca como director general, el equipo fracasó en sus dos proyectos ascensores y la deuda volvió a dispararse. En parte, por el dispendio innecesario de jugar una competición europea (por invitación) tan irrelevante como la Champions Cup , cuyos costosos viajes (120.202 euros) hicieron tambalear los cimientos del club. Aquel año los jugadores recurrieron al aval y Baños y compañía optaron por la retirada. El club estuvo a punto desaparecer en el verano del 2003, las instituciones comenzaron a darle la espalda al problema e incluso un emisario corría al encuentro de Dimitri Piterman para vencer la franquicia por 144,242 euros (24 millones de pesetas). No fue posible, apareció una junta de salvación formada por aficionados como Julio Vázquez y Paco Vázquez a la cabeza que sirvió para evitar la desaparición de la sociedad, pero que no pudo impedir dos años después el descenso a los infiernos.