Cuando flaquea el compromiso

Alfonso Andrade Lago
Alfonso Andrade A CORUÑA

DEPORTES

La falta de garra y el conformismo de algunos jugadores debilitan al Deportivo

18 abr 2005 . Actualizado a las 07:00 h.

«Sois vosotros los que tenéis que decir lo que hay, yo no voy a dar nombres». Lo decía un futbolista del Deportivo después del partido de San Sebastián. No es una postura excepcional. Los jugadores no suelen salir públicamente a la palestra, porque lo consideran irreverente con sus compañeros, pero fuera de micrófono son bastantes los que refieren casos de falta de actitud, de ausencia de garra en el equipo coruñés. Esto tampoco es nuevo para los aficionados, que tienen que sufrir cada fin de semana la parsimonia con que algunos jugadores del Deportivo se emplean en los campos de fútbol. Y en ese sentido, el encuentro de San Sebastián fue la gota que colmó el vaso. La actitud relajada, conformista e impotente del Deportivo motivó, junto con una serie de fallos puntuales, la derrota del equipo en Anoeta. No fue capaz de reaccionar ante un gol recibido al cuarto de hora, con todo el partido por delante. Y esa incapacidad se observa ahora que está en juego nada menos que la presencia en Europa la próxima temporada. Aunque los jugadores no se expresan con libertad sobre todo esto, la afición conoce perfectamente las claves del rendimiento y de la actitud en este Deportivo. Ayer no se hablaba de otra cosa en A Coruña. Con varios futbolistas del Dépor en el ojo del huracán, ahí van unos cuantos nombres: Valerón. Es el epicentro del debate. El Flaco lleva un solo gol esta temporada y su maravilloso envío entre líneas ha pasado a mejor vida. Su visión de juego ha sido reemplazada por toda clase de caracoleos sin eficacia que terminan en peligrosas pérdidas de balón. Pero lo que de verdad alarma es la incapacidad física del futbolista. En San Sebastián, el Deportivo jugó con diez hombres desde el minuto 15. Primero duraba una hora, después media, y ahora apenas se deja ver. Irureta ha observado esto ya hace tiempo. Dio un paso fime cuando se decidió a sentarlo en el banquillo. Ocurrió en el Deportivo-Espanyol de la decimonovena jornada. Fran ocupó el lugar del canario y el equipo funcionó como un reloj. Pero el capitán se lesionó pronto y el titular regresó a un equipo con la victoria encauzada. El técnico ya no volvió a prescindir de Valerón. La actitud del canario está en entredicho. Su calidad extraordinaria, fuera de cualquier duda, apenas ha aportado algo esta temporada en la que el Dépor ha sufrido gravemente su debilidad física y su falta de sangre en el campo. Romero. Hace muchos partidos que se cuestiona su titularidad. Capdevila está más rápido y además lo hizo bien cuando tuvo que jugar, pese a su inactividad, por necesidades del guión. Sospechosamente le tocó hacerlo por molestias físicas de Romero frente al Betis (con Joaquín enfrente) y Real Madrid (en teoría, Figo, en la práctica Beckham). La flojera del jerezano en los marcajes es inexplicable en un equipo de Primera División. La rapidez de Andrade fue providencial para él en duelos anteriores y sus peores actuaciones, sin garra, coinciden en el tiempo con los rumores sobre su intención de fichar por el Cádiz la próxima temporada. Tristán. Ausente en San Sebastián por una contractura poco importante. La afición le ha recriminado esta temporada sus actuaciones con abucheos y silbidos en los partidos de Riazor. La aportación de Diego ha sido pobre y, como en el caso de Valerón, desinfló al equipo en muchos partidos por un compromiso muy limitado. Cuando se dio cuenta de que su forma física le impide rendir como es debido, asumió una alucinante puesta a punto individual que consiste en quedarse corriendo poco más de un cuartito de hora después de algún entrenamiento. El resultado salta a la vista. La actitud de otros compañeros ha puesto en evidencia la de Tristán. Luque, por ejemplo, entró lesionado en el último partido de Riazor (ante el Villarreal) porque se lo pidió el técnico. El equipo necesitaba gol y Albert, generoso, expuso su físico incluso en los lanzamientos de falta, uno de los cuales valió un punto al subir al marcador. También está el caso de Scaloni, que jugó con un tobillo vendado cuando regresó tocado de un partido con la selección argentina. Sergio. Hay dos versiones de Sergio esta temporada: la esforzada-imprecisa y la imprecisa sin esfuerzo. En algunos partidos corre y el equipo lo nota. En otros, como en Anoeta, se esconde destrás de una entrega aparente, pero carente del recorrido necesario en un puesto como el que ocupa. Con el balón en los pies lleva un año terrible en el que no da un pase a derechas. Sobre su cada vez más limitada capacidad para llegar al área contraria estuvo a punto de hablar Irureta antes del duelo con la Real, cuando redujo el asunto a un irónico «bueno, Sergio..., bueno, bueno, bueno...». Manuel Pablo. Corre, sin duda, pero su problema de actitud viene por otro lado. Los rivales apenas encuentran oposición en él. El rendimiento de Manuel Pablo desde su lesión ha bajado de manera clara. Al jugador le cuesta meter el pie, y sus marcajes, antes fantásticos, son ahora débiles. El canario fue en San Sebastián un problema para el equipo. Ha perdido incluso la concentración, como demuestra su falta de atención en los fueras de juego durante toda la temporada. Tal vez sea normal su bajón y quizá haya que entender y aceptar este problema desde un punto de vista psicológico. Pero un equipo como el Deportivo no puede permitirse el lujo de intentar recuperar a un futbolista durante dos años por muy brillante que sea.