El capitán del Breogán deja el baloncesto por una anomalía cardíaca. «Es el momento más difícil de mi vida», manifestó en una emotiva despedida
15 abr 2005 . Actualizado a las 07:00 h.Tenía que ser el corazón el que ganara la batalla que ni los más grandes colosos del parquet pudieron solventar. Ricardo González, el hombre más querido por el breoganismo desde hace muchos años, cuelga las botas. Una anomalía cardíaca lo retira. Cinco temporadas con los colores celestes han bastado para que el gladiador cántabro se hiciese un hueco en el salón de los jugadores legendarios del club lucense. Tras ser un rival odiado por el tesón con que se desenvolvía con la camiseta del Caja Cantabria -su equipo de formación-, la afición celeste no tuvo más remedio que rendirse a la evidencia de su honradez. La alarma se disparó en Las Palmas. La arritmia que sufre desde hace seis años -perfectamente controlada en su vida cotidiana- se manifestó esta vez sobre la pista. Richi González fue ingresado en una clínica canaria para iniciar una serie de pruebas. Tras su traslado a Lugo, prosiguieron los análisis. Todos eran positivos: no había problema en que siguiera jugando al baloncesto. Sólo faltaba el último trámite: pasar un reconocimiento en el Juan Canalejo de A Coruña. «En los veintiún años que llevo en el Breogán nunca he tenido que dar una noticia tan triste. Independientemente de que se trata de un jugador del Breogán como lo son todos, hay que ensalzar su trayectoria como jugador y como amigo... Richi debe dejarlo». El médico del Breogán, Miguel Giao, con los ojos vidriosos, desvelaba la fatal noticia. «Tiene una anomalía congénita en una arteria coronaria, que no supone un problema grave que ponga en peligro su vida, pero sí puede suponer algún riesgo de cara a la práctica deportiva de alto nivel». El capitán celeste presenció el entrenamiento vespertino del Leche Río, sentado en la mesa de anotadores, con aparente entereza. Se dirigió en varias ocasiones a sus ex compañeros y hasta se le vio sonreír. Después tuvo que superar el amargo trago de la despedida. No se olvidó de nadie: «Quiero dar las gracias a todos: vosotros (en alusión a los periodistas presentes), los entrenadores, el club, el servicio médico, la gente que me apoya, mi familia... es el momento más difícil de mi vida. Tomar esta decisión es importante; estoy muy muy triste, pero es una alegría que se haya descubierto ahora. No es grave, no me va a impedir hacer una vida normal; no me tengo que medicar ni iniciar un tratamiento. Voy a disfrutar de mi vida y tener otro trabajo. También podré desarrollar actividades físicas, pero el deporte al alto nivel, que era mi ilusión, se ha acabado». El tono de sus palabras empezó a decaer cuando se refirió al giro que va a dar su porvenir: «A partir de ahora hay un cambio radical en mi vida y tengo que asumirlo con toda la entereza que pueda. Me tengo que ir de Lugo así; me hubiera gustado irme de otra forma, jugando, pero esto es así. Sólo puedo sacar cosas positivas del baloncesto hasta el día de hoy y las voy a seguir sacando el resto de mi vida. El baloncesto lo ha sido todo para mí... he conocido a la gente y me ha dado la posibilidad de sentirme un privilegiado. A la vez, tengo que ser feliz porque no estoy enfermo y puedo disfrutar de todo. Quizá dentro de unos meses cambie mi visión de todo esto». El director general del club, Germán Sánchez Quintana disculpó la presencia del presidente en la despedida de ayer y se refirió al sentir del consejo de administración: «Va a contar con el apoyo de todos. Va a empezar una nueva vida y el club colaborará con él, porque es un símbolo de este club». El técnico, Moncho López, cerró el acto con solemnidad: «En el equipo estamos afectados. Lo que más nos preocupa es el estado de ánimo de un amigo. Es un golpe muy bajo. Ricardo es muy importante para nosotros; estará presente en el Breogán para siempre y todos estamos orgullosos de compartir vestuario con él. Va a seguir formando parte de nuestras vidas».