La necesidad del Madrid devora a un Barcelona que dio la cara

José M. Fernández REDACCIÓN

DEPORTES

El líder cedió ante un conjunto que exhibió más agresividad y compromiso que nunca.

10 abr 2005 . Actualizado a las 07:00 h.

La necesidad y la obligación se cruzaron el Santiago Bernabéu. Uno, el Real Madrid, porque no le servía y otra cosa que poner todo su empeño; y otro, el Barcelona, porque no sabe jugar de otra manera. Y el restultado fue espectacular, sobre todo en una primera parte deliciosa para el espectador. El mejos clásico de los últimos años, un monumento al juego ofensivo y una locura que resucita la Liga. A siete jornadas para el final de la competición, al Barça no le queda apenas margen para el despiste; conserva el goalaverage, pero se va del Bernabéu con Eto'o lesionado y la sensación de que el tramo final puede hacérsele muy cuesta arriba. Vanderlei Luxemburgo planteó el partido desde el complejo, o la sabiduría de que, hoy por hoy, su equipo tiene las de perder en un cuerpo a cuerpo con el Barcelona. Así que decidió fiarlo a la velocidad de tres delanteros, despreció la parsimonia de Figo y el centro del campo y se encomendó a Casillas y a que el Barcelona desperdiciara el mismo número de ocasiones de otras citas. La consigna era aprovechar la endeblez defensiva de su rival y hurgar en una zaga que acostumbra a moverse en el alambre. Y sobre todo, encontrar el compromiso de un grupo de estrellas merecidamente vituperadas durante los últimos meses. El resultado, inmejorable. A los 19 minutos, tenía el partido en su sitio (2-0): abrió la cuenta Zidane después de que Ronaldo le pusiera un centro de seda; el segundo fue obra de Ronaldo, otro magnífico centro a balón parado, en esta ocasión de Beckham, lo remató el brasileño completamente solo. Suficiente para que a cualquier equipo el Bernabéu se le cayera encima, pero escaso para un Barça que se adueñó del balón y aprovechó el desprecio de Luxemburgo por el centro del campo. Llegó entonces el aluvión de ocasiones para el grupo de Rijkaard. Unas veces Casillas, otras la precipitación visitante, o simplemente el error, salvaron a su equipo. Eto'o acercó al Barça, pero al borde del descanso, cuando el líder ya había convertido a Casillas en la figura local, una contra fulgurante -participaron Beckham, Zidane y Roberto Carlos- la finalizó Raúl en un alarde de oportunismo. Merecido e injusto a la vez. Merecido, porque el Madrid se exigió a sí mismo más que nunca, con el compromiso y la agresividad que no había exhibido hasta ayer; injusto, porque el Barcelona creó más ocasiones, tuvo el balón y expuso lo suficiente como haber tenido más premio. Como casi siempre, el Madrid empezaba en Casillas y acababa en Ronaldo, pero en esta ocasión, entre uno y otro, apareció un Helguera que se multiplicó en cada centro culé y el mejor Beckham de la temporada. Y así fue durante la reanudación. Un Madrid dispuesto al sacrificio y un Barça que podía inmolarse en cualquier contra. Casillas salvó un par de veces a su equipo antes de que un (otro) maravilloso pase de Beckham acabara con Owen encarando a Víctor Valdés. Todo resuelto. El Madrid había enfríado definitivamente el encuentro. Un error en la barrera local permitió tener su segundo de gloria a Ronaldinho, pero todo estaba visto para sentencia, sobre todo cuando cinco minutos después Eto'o enfilaba el túnel de vestuarios en camilla, todo un símbolo del carácter irreductible de un líder que no se conformaba a su suerte, pero al que le quedaban pocos argumentos para complicarle la vida a un rival más combativo que nunca. El líder tropezó con el Real Madrid más hambriento de la temporada, con un grupo en el que por una vez se conjugó el habitual Casillas, un gran Helguera, el mejor Beckham (de sus botas salieron un par de tantos) y el letal Ronaldo (dio un gol y marcó otro). Otro asunto es si la galaxia blanca despertó para la ocasión o promete lucha hasta el final.