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Los vitorianos dominaron un partido que animó Bermejo.
19 mar 2005 . Actualizado a las 06:00 h.Poco a poco, el Racing se ha metido en un buen lío. Terminaron las alegrías, la tranquilidad y quizá la continuidad de un bloque estable que funcionó antes, pero que no es capaz de recuperar sus señas de identidad. Porque la derrota ante el Alavés no sólo duele porque acerca a los verdes a la zona de descenso, sino porque confirma las sensaciones que viene ofreciendo desde hace tiempo. El tropiezo en Mendizorroza retrata a este equipo achacoso, que pierde jugadores por tarjetas, no crea peligro, defiende regular y tiene en Bermejo a su casi solitario argumento. El pichichi le devolvió al partido al final y llegaron unos minutos aprovechables, pero insuficientes. Vista con perspectiva, la situación no es alarmante, pero dada la imagen reciente, se encienden ya las alarmas. Ante las dudas y los problemas defensivos de las últimas semanas, el Racing entró al partido con miedo y un fútbol burdo. Jugando al pelotazo cada vez que cogía el balón, como si enviándolo lejos se terminasen todos los problemas. En realidad, se aplazaban, porque casi nunca controlaba el juego. Ni por la izquierda ni por una banda derecha donde el jugador francés Laurent de Palmas, esta vez interior, no rendía. Como el Alavés no anduvo fino, el empate parecía dar al Racing un empaque que en realidad no tenía, malgastando con tanto juego en largo la presencia de Granon en la media punta. Acierto de Bello Amigo Bello, al ganar un mano a mano con Bodipo, empezó como el mejor jugador verde. Un tiro de falta y un remate de Curro a pase de Carlos fue lo poco que produjo el Racing hasta el descanso, mientras el Alavés empezaba a llegar a oleadas con sus cuatro jugadores más ofensivos: Santamaría, Nené, Bodipo y Rubén Navarro. Así cayó el primer gol cuando Rubén Navarro remachó un ataque bien trenzado, que cogió con el paso cambiado a la defensa. Pero los problemas llegaron después. Navarro dio otro aviso con un tiro cruzado antes de que la expulsión de Cobas a media hora del final dejase el triunfo en casi un imposible. Porque, es cierto, el Racing visitaba ayer a un rival poderosísimo, en su propio campo y entonces ya en superioridad numérica. Tras el descanso, Juan Veiga había ordenado el equipo. Con De Palmas en el lateral, Juanito ya en la banda y Sito en la izquierda. Pero caían Bodipo por aquí, Nené por allá, Santamaría por el otro lado... El Alavés empezó a coser un buen traje al Racing, para sentenciar un partido que fue madurando ante un rival tocado y con sólo diez hombres. El equipo vitoriano llegaba y al mismo tiempo guardaba la ropa esperando que el pequeño, en inferioridad, se descolocase. Porque los jugadores verdes empezaron a tocar mejor, con Cyril Granon más retrasado, pero de forma insulsa ante un rival que estaba cómodo aguardando su oportunidad al contragolpe. Bello salvó el segundo gol a diez minutos del final, al birlarle el balón a Epitié. Y en esto llegó el primer córner a favor del Racing. ¡En el minuto 79! El dato habla por sí mismo. Bermejo regaló después una buena dejada a Granon, quien perdonó. No falló Epitié en otro ataque y el Alavés amplió su renta. Cuando más perdido estaba el equipo ferrolano, surgió Bermejo para marcar un gol, espabilar al resto y devolverle al partido. El arreón final del Racing, breve pero intenso, permitió que diese una buena imagen en el epílogo del choque, cuando ya era demasiado tarde. Todavía no es demasiado tarde para que el Racing reaccione, ni mucho menos, pero urge un cambio y que deje de regalar tantos minutos hasta que el marcador le obliga a despertar.