Florentino Pérez busca salidas para su propio modelo: cómo deshacerse de jugadores que están en la recta final de su carrera y con contratos prohibitivos para otros clubes.
15 mar 2005 . Actualizado a las 06:00 h.El modelo de Florentino Pérez está a punto de caducar. La debacle de Delle Alpi y la derrota en Getafe han dejado en evidencia un proyecto que, en apenas un lustro, se ha dejado en el camino 336 millones de euros (56.000 millones de las antiguas pesetas) y ha triplicado el presupuesto (de 100 millones de euros en la campaña 2000-01 se ha pasado a los 300 de la actual). En el haber, tres títulos de importancia (una Liga de Campeones y dos Ligas españolas) y otros cuatro de tono menor. Apuntan a los jugadores Ahora, ya no inquieta tanto el presente como el futuro más inmediato. De repente, la afición se ha dado cuenta de que el problema nunca ha residido en el banquillo, donde los cambios no han arreglado nada (Del Bosque, Queiroz, Camacho, García Remón y Vanderlei Luxemburgo) y ha dirigido sus dardos contra una plantilla a la que considera acomodada y excesivamente atareada en asuntos extradeportivos. Es decir, el público apunta a los jugadores, a unas estrellas caras y consentidas, a las que, además, se les ha echado el tiempo encima. Cambio de cromos ¿El siguiente paso? Florentino Pérez ha captado el mensaje y, aunque de forma velada, ha dejado traslucir alguna de sus intenciones: cambio de cromos (Robinho, Gerrard, Del Horno, Joaquín, Reyes...) y, otra vez, la amenaza de la mano dura (Fabio Capello). Nada nuevo. Es la receta habitual antes de que los pañuelos apunten al palco. Se avecina una renovación profunda, pero casi nadie acierta a aventurar el orden de salida ni la cantidad. Figo finaliza contrato la próxima temporada; en el 2007, Beckham, Roberto Carlos y Zidane; Ronaldo, en el 2008; y Raúl, el último, en el 2010. Traspasos difíciles Excepto Roberto Carlos, el resto ingresa unos 6 millones de euros netos por campaña. En total, si cumplieran todos los contratos, unos 220 millones de euros brutos. En tiempos de recesión, y, en algunos casos, al final de su carrera se antoja demasiado gravoso para que algún club se atreva (o pueda) incorporar algún galáctico . Florentino Pérez heredó un club acuciado por las deudas, pero que acababa de ganar la Liga de Campeones. La recalificación urbanística de la Ciudad Deportiva llenó las arcas, el pilar gracias al cual pudo iniciar su particular modelo, una mezcla de estrellas mediáticas y de jugadores de la cantera. «Recuperar las esencias del madridismo de siempre», se decía. Llegaron Figo, Zidane y Ronaldo, y los títulos (tres en otras tantas temporadas). A la cuarta, con el fichaje de David Beckham, el Madrid se inclinaba definitiva y peligrosamente por la senda de la mercadotecnia. El fútbol era menos importante que la venta de camisetas y la apertura de mercados. Desde entonces, el club blanco ha quedado fuera de la Champions en un par de ocasiones (cuartos y octavos de final), ha perdido una final de Copa y está a punto de despedirse de la Liga por segundo año consecutivo. Los «pavones» ¿Y la cantera prometida? Con Vicente del Bosque, un buen conocedor de las categorías inferiores, aparecieron por el primer equipo jugadores que anunciaban que el asunto, aunque con altibajos, funcionaba. Actualmente, en la primera plantilla del Madrid figuran ocho jugadores que crecieron en la Ciudad Deportiva, de los que sólo uno -Álvaro Mejía- ha debutado en las dos últimas temporadas. El resto, o son de épocas anteriores (Raúl, Guti y Casillas) o tienen una presencia más testimonial que efectiva, pese a que llevan varias temporadas en el primer equipo. Es el caso de Pavón, Raúl Bravo o Portillo.