El genio vuelve a la lámpara

D. Roldán / I. Tylko MADRID

DEPORTES

Egocéntrico y con maneras de divo, el campeón más joven de la historia del ajedrez puso fin a una carrera marcada por sus duelos con Karpov y con la FIDE

13 mar 2005 . Actualizado a las 06:00 h.

El genio de Bakú dice adiós. Gari Kasparov se despidió el pasado jueves de los tableros en la localidad jienense de Linares, una ciudad que ha visto los mejores movimientos de este prodigio surgido de la extinta Unión Soviética y donde ganó en nueve ocasiones. Después de realizar su última jugada, puso punto final a una trayectoria deportiva marcada por sus duelos con su archienemigo Karpov, los enfrentamientos con la Federación Internacional de Ajedrez (FIDE) o sus partidas con los ordenadores. Seco, egocéntrico y con maneras de divo, el imaginativo y genial ajedrecista de Bakú, capital de la república ex soviética de Azerbaiyán, ha hecho realidad todo lo que se ha propuesto, transformando en arte el juego de las piezas de madera blancas y negras. Nacido hace casi 42 años, el 13 de abril de 1963, y de origen judeo-armenio, Kasparov comenzó a interesarse por el ajedrez con sólo cuatro años, cuando presenciaba las partidas de sus padres. A los siete, perdió a su progenitor, Harry Weinstein. Su madre, una ingeniera de fuerte personalidad especializada en armas automáticas, decidió inculcarle el espíritu del triunfador y la mentalidad ganadora. Klara Kasparova se propuso hacer de su hijo un campeón del mundo y no fracasó en el intento. Gran Maestro a los 17 Kasparov, el niño prodigio de Bakú, consiguió la licencia de primera categoría con 9 años y, a los 12, obtuvo el título de candidato a maestro, status que logró tres años después. Finalizó la enseñanza primaria con una medalla de oro y siguió los estudios en la Facultad de Lenguas Extranjeras de su ciudad natal. Con 17 años disputó su primer torneo internacional en Londres y fue nombrado Gran Maestro. Doce meses más tarde se proclamó campeón nacional de la ya ex URSS y, al cumplir la veintena, ya fue candidato al título mundial. En 1984 se enfrentó a Anatoly Karpov en Moscú con el título en juego. Después de 48 partidas y seis meses de competición llegó una polémica decisión de la FIDE, que anuló el duelo cuando Karpov, muy cansado, sólo le aventajaba en dos puntos. En 1985, con sólo 22 años, Gari Kasparov derrotó a Karpov y se convirtió en el campeón universal más joven de la historia del ajedrez. Desde entonces, su poderío ha sido incontestable y llegó a superar los míticos 2.800 puntos en la clasificación de la FIDE, batiendo el récord que ostentaba Bobby Fischer. Kasparov, orgulloso de su país e identificado en su día con los aires renovadores de la perestroika, llegó a ser un alto dirigente del Partido Democrático de Rusia. Convencido de que «el ajedrez es el deporte del futuro y de la paz mundial», Gari está en contra de las armas, de las guerras, no acepta las posiciones duras e inmovilistas y ha sido siempre muy crítico con Karpov, su gran rival, al que ha acusado de haber contado con la «ayuda oficial del aparato soviético». Mantuvo una relación de odio con el presidente de la FIDE, el filipino Florencio Campomanes, y es el responsable de la rebelión contra este organismo, de la creación de la PCA (1993), y de su circuito internacional, patrocinado por la poderosa firma estadounidense Intel. Campomanes, sorprendido por el motín, expropió el 23 de marzo de ese año a Kasparov de su título y nombró aspirantes oficiales a Karpov y al holandés Jan Timman, que celebraron un Mundial paralelo. Sin embargo, el poder del ajedrecista de Bakú obligó a una posterior unificación de las dos organizaciones. Más retos Su pasión por los retos le llevó a retar a enormes máquinas que eran capaces de analizar millones jugadas en apenas segundos. El duelo entre el hombre y el ordenador se produjo en 1997 en Nueva York. Deep Blue , de IBM, venció por 3,5 puntos a 2,5 al Ogro de Bakú (otro de sus apodos). Entonces, Kasparov aseveró que el siguiente campeón del mundo iba a ser un hombre y no una máquina. No obstante, se mostró satisfecho por la experiencia. «El encuentro con Deep Blue fue importante social y científicamente, y creo que es mi responsabilidad brindar al público toda la información de la que dispongo, ya que ese fue uno de los logros más importantes de los científicos en el campo de la computación», comentó entonces. En 2000 repitió duelos contra las máquinas, demostrando que el ser humano es todavía capaz de vencer a los ordenadores a pesar de la rapidez con la que realizan los movimientos. Comidas frugales Enamorado de las tertulias, la bicicleta, el fútbol y la naturaleza, Kasparov no conduce. Le encanta viajar en avión y adora a sus dos hijos, fruto de dos matrimonios. Duerme poco, no fuma, come frugalmente y bebe sólo los días señalados. Con tan pocos vicios como amigos de verdad, tiene una prodigiosa memoria que le permite almacenar infinidad de partidas en el cerebro y recordar multitud de fechas históricas. La palabra que más repite es «energía» y su menú favorito es el salmón y el solomillo. Ahora se retira conservando su título de campeón del mundo. El genio de Bakú vuelve a su lámpara.