El colegiado niega la acusación y demanda al padre del jugador y al presidente del Porto do Son por injurias
15 nov 2004 . Actualizado a las 06:00 h.El árbitro Ángel Martínez Millán sufrió la agresión de los seguidores del Porto do Son durante el partido de juveniles que enfrentó el pasado sábado a este equipo en el derbi de rivalidad contra el Ribeira-Carreira. Sin embargo, el presidente del club y el padre de un jugador denunciaron al colegiado por provocar con su bolígrafo un corte de unos siete centímetros en el cuello del futbolista Marcos Rodríguez García. Martínez Millán rechaza la acusación y, a su vez, demandó a sus acusadores por testimonio falso, injurias y calumnias. Los hechos se precipitaron en los últimos instantes del partido, cuando la expulsión de un jugador visitante desencadenó una trifulca en la que varios aficionados invadieron el terreno de juego. El colegiado recuerda que el encuentro ya estaba caldeado. «En el minuto 75 paré el partido porque varios seguidores del Son me gritaban en actitud violenta; me fui al vestuario y mandé llamar a la policía; tardamos entre 30 y 35 minutos en volver al campo», explica. Tras la reanudación, el colegiado fue agredido en el minuto 91, después de expulsar al dorsal número 2 del Porto do Son, que lo había insultado. «Aún lo estaba anotando en mi libreta cuando el capitán y varios jugadores me rodearon y me empujaron; eché las manos para no caerme y llegaron los padres y el presidente del equipo diciendo que le había hecho un corte a un futbolista», apunta. Baltasar Maneira, secretario del Porto do Son, reconoce que el árbitro fue golpeado, pero recalca que todo sucedió después de que éste hiriese en el cuello a uno de sus futbolistas. «Quiero pensar que se puso nervioso y que no había intención, pero ya sabíamos que era un colegiado problemático que había tenido problemas con otros equipos», indica. Martínez Millán, de 26 años, asegura que sufrió numerosos golpes, pero no necesitó acudir al médico y el domingo pudo pitar otro encuentro. «Gracias a que estaba la policía en el campo, que si no, igual no lo podría estar contando», señala. Al dolor físico se le une el psicológico. «Cuando ya estaba en el vestuario me dijeron que me habían denunciado y pedí a los agentes que hicieran un informe; en su opinión, sólo el presidente del Porto do Son y el padre del jugador habían visto mi supuesta agresión al jugador, nadie más», afirma. El árbitro, en su segunda temporada en la Tercera Regional, presentó su propia denuncia por testimonio falso, injurias y calumnias, y añade incrédulo: «Aquella era la primera tarjeta que le enseñaba al Porto do Son y hasta hoy sólo podía hablar maravillas de ellos».