Pese a sufrir una caída y varios percances, el ciclista José Antonio Hermida, de origen gallego, consiguió la medalla de plata en mountain bike con un final espectacular
28 ago 2004 . Actualizado a las 07:00 h.José Antonio Hermida dio en el blanco. En la plata para ser exactos. Pepiño Pistolas , en una versión gallega de su apodo ( Johnny Pistolas , por su forma de celebrar sus triunfos, fue capaz de superar una caída para subirse al podio en un circuito a prueba de los más exigentes. Sólo el francés Absalon, en otra portentosa exhibición y sin ningún contratiempo fue capaz de arrebatarle el oro. El bronce fue para el holandés Bart Brentjens, campeón olímpico en Atlanta. Hermida Ramos demostró desde el primer kilómetro que era candidato a todo. Partió octavo, pero tardó lo justo en coger la cabeza. El grupo de cinco o seis unidades que el propio biker había anunciado en la previa enseguida se vio sobre la tierra del monte Parthina, el pulmón de Atenas. Desde el principio Absalon demostró también ser el gran candidato. Fue el único de inicio capaz de seguir la estela de Hermida, sin ofrecerle ningún relevo, y de sobrepasarle después para marcar diferencias. Pero el francés nunca podría haber vivido un triunfo más plácido si el ciclista oriundo de Baños de Molgas no hubiese caído. A falta de tres vueltas todos los fantasmas de Sídney volvieron a aparecer. Dio con sus rodillas en el suelo y volvió a la bicicleta maltrecho, lleno de magulladuras y sangrando abundantemente. Entonces Absalon se fue, Brentjens se apoderó del segundo puesto y Johnny Pistolas cayó al tercer lugar. Hasta el bronce llegó a peligrar porque belga Paulissen venía remontando desde atrás. Pero Hermida sacó todo su carácter ganador en las dos últimas vueltas. Sabía que todas sus opciones pasaban por la empinada zona de subida y en ellas destrozó al holandés que le precedía. Superó a Brentjens antes de entrar por penúltima vez en la línea de meta y aumentó su ventaja en los últimos kilómetros. Recortó diferencias, pero el francés ya estaba muy distanciado. Pepiño Pistolas llegó el segundo y celebró su plata dando espectáculo. Abrazándose a todos, tirándose en la arena y escenificando sus míticos disparos. El show continuó después en la conferencia de prensa y le valió la ovación de todos los periodistas. José Antonio Hermida ofició de su propio traductor. Habló de la carrera en español, inglés y francés, y hasta hizo sus pinitos en griego. Las dos primeras veces se emocionó, como sucediera nada más cruzar la línea de meta en la que no pudo contener las lágrimas. Un grave error «Estar por detrás de un portento como Absalon es un gran honor», comentó antes de hablar de su caída. «He cometido un gran error. Y este es el precio de ser un campeón olímpico a ser segundo. Pero ser segundo es cojonudo. Me acuerdo de todo lo que he sufrido. La carrera me ha colocado en el sitio en el que tenía que estar. Me ha recordado Sídney y he dicho no voy a ser cuarto otra vez, por eso he luchado como un titán». El flamante medalla de plata contó además con un colaborador de excepción. Iván Raña ofició de ayudante en el avituallamiento. Entre gallegos anda el juego.