La República Checa conquista los cuartos de final al ataque

Manuel García Reigosa
M. G. Reigosa REDACCIÓN

DEPORTES

Remontó dos goles frente a Holanda en un duelo vibrante

20 jun 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

Para los apóstoles del orden, del método y de la contención, el República Checa-Holanda probablemente sea un ejemplo de lo que conviene evitar. Porque los errores costaron caros. Para quienes predican la iniciativa individual, conciben el fútbol desde la búsqueda del gol y no tienen miedo al talento, fue un encuentro de los que merecen un hueco en la videoteca, vibrante.

Los dos equipos se entregaron a la vocación ofensiva, al intercambio de golpes sin temor a caer sobre la lona, a dibujar un partido de ida y vuelta en el que ninguno mereció perder. De hecho, los dos tuvieron sus opciones. Pero, al final, sólo uno se llevó el gato al agua.

No hubo un hilo argumental que se pueda explicar desde la perspectiva de la razón. En apenas tres minutos, la República Checa dilapidó dos claras ocasiones de gol. En el siguiente, una falta lateral mal defendida por los checos sirvió para que Bouma abriese el marcador, tras ganar la espalda a la zaga. Y un cuarto de hora más tarde, una triangulación excepcional, en la concepción y la ejecución, acabó en el 0-2. Davids abrió hacia la derecha; Robben profundizó y centro; Van Nistelrooy no tuvo más que empujar.

La historia empezó a virar cuando en el minuto 23 Baros interceptó un pase lateral de Cocu, avanzó, porfió y dejó el balón a Koller para que pusiese el 2-1. Fueron 23 minutos sin tregua, sin margen para aposentar el juego.

Holanda apostó por salir con tres medios centro (Cocu, Davids y Seedorf) y por llevar el fútbol a través de los costados, sobre todo por el izquierdo, en el que lució Robben.

Confianza

La República Checa se inclinó por una confianza ciega en su potencial ofensivo: la visión de juego de Rosicky, la corpulencia de Koller, la libertad de movimientos y la verticalidad de Nedved, la brega y la calidad de Baros, las llegadas de Poborsky, más tarde las de Heinz... Siempre hacia delante.

Holanda perdió la oportunidad de decantar el partido antes del descanso: Mejuto pasó por alto un penalti sobre Van Nistelrooy, Cech voló y desvió un gran chut de Heitinga y Davids estrelló un balón en el palo.

La segunda mitad fue más favorable a los intereses checos. En gran medida, porque Advocaat realizó sus cambios pensando en reforzar la solidez defensiva (el público expresó su rechazo a la sustitución del habilidoso Robben).

Enfrente, Karel Bruckner, no se amilanó. Metió más gasolina y encontró premio. Primero, en un imperial gol de Baros, que envió a la escuadra una dejada de Koller con el pecho. Poco después Holanda se quedó con diez, por la expulsión de Heitinga. Y muy al final, Smicer selló el 2-3, con un gol cortesía de su compañero Poborsky. Chequia está en cuartos y Holanda, al borde de la eliminación.