El instinto ofensivo del jovencísimo Rooney acaba con la resistencia de una Suiza que sufrió un castigo excesivo.
17 jun 2004 . Actualizado a las 07:00 h.Los inventores del fútbol sobreviven a la contra. Inglaterra dio un paso hacia los cuartos de final -todavía tienen que puntuar frente a Croacia en la última jornada- al deshacerse de Suiza con más ruido que nueces. A los ingleses les falta fútbol, son generosos en el esfuerzo, corren sin complejos, pero tienen una mala relación con el balón, hasta el punto de que, incluso cuando enfrente tienen un rival tan débil como Suiza, son capaces de ceder la iniciativa. Ayer no fue diferente. Si una seleccion de aparente tono mayor -Inglaterra- es incapaz de controlar el juego frente a otra de real tono menor -Suiza-es que algo no funciona en las islas. Y el resultado es un partido insulso y carente de calidad; uno de esos tostones de los que sólo los hooligans son capaces de disfrutar. Para sumar paradojas, los suizos comenzaron por crear peligro en el juego aéreo, a balón parado y en los saques de esquina. El mundo al revés. Los reyes del pelotazo sufriendo en su medio natural. Beckham y Owen Veinte minutos se pasó Inglaterra a verlas venir. Ni rastro de Beckham ni de un Owen cuya trayectoria amenaza con diluirse en el paraíso del fútbol primario. Pero el madridista, ayer de nuevo pegado a la banda, le bastó con recibir un balón franco, con el rival más cercano a diez metros de distancia, para dibujar un brillante cambio de orientación que Owen controló dentro del área como haría en una pachanga; un centro para que Rooney empujara a la red, imitara a Hugo Sánchez y se comiera el banderín del córner. Sven Goran Eriksson ya no necesitaba nada más para reafirmarse en su propuesta. Además, con la zaga asentada y ante un rival de escasa -más bien, nula- pegada, el partido estaba para dejar pasar el tiempo, a la espera de otro pelotazo de Beckham o de un arranque de casta de Rooney, temperamentalmente, un clon del añorado Paul Gascoigne. El descanso no varió ni un ápice el rumbo del choque. Chapuisat, sin chispa y con demasiados años encima, se quedó en el vestuario, y Jakob Kuhn hizo debutar al gallego Ricardo Cabanas. Una propuesta atrevida hasta que un par de ingenuidades de Haas dejaron a Suiza con un hombre menos. Incluso en inferioridad, los centroeuropeos insistieron en su dominio. Pero a Inglaterra le falta tanto fútbol como pegada a Suiza. Así que el tostón lo resolvió de nuevo Rooney. El bullicioso delantero británico resolvió una jugada que también en esta ocasión comenzó Beckham. Un gol propio de un jugador con instinto de goleador y carácter. Ahí se acabó una Suiza que hizo méritos para librarse de un castigo tan excesivo. Y los ingleses satisfechos por un bagaje engañoso: derrota honrosa ante Francia y triunfo holgado. Mucho premio para tan poco fútbol.