«El Flaco» arma la gorda a Sáez

Rubén Ventureira

DEPORTES

La titularidad de Valerón obligaría al seleccionador a prescindir de un delantero para aportar más fantasía a un equipo que ante Rusia pecó de previsible durante una hora

14 jun 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

Anda España sumida en un debate muy italiano. Siempre que toca gran torneo, en el país transalpino se discute sobre el lugar que le corresponde a los fantasistas: cancha o banquillo, ésa es la cuestión. Así llaman allá a los jugadores del corte de Juan Carlos Valerón. Ahora que Italia ha roto con su tradición cicatera y se ha decidido a alinear de inicio a dos fantasistas (Totti y Del Piero), España, que excepto en la era Clemente siempre ha alardeado de vocación ofensiva, ha girado hacia el doble pivote y ha sentado la imaginación en el banquillo. Es el de Iñaki Sáez un bloque previsible, una escuadra con guión adaptado, que es el antónimo de original. Quedó claro en la primera hora ante Rusia, a la que le bastó sembrar el campo de centrocampistas para enredar a su rival. El seleccionador tiene un plan A, el que aplica de inicio, y un plan B, a desarrollar en el segundo tiempo. En esta estrategia tardía encuentran hueco los diferentes, los que juegan al fútbol con espíritu de patio de colegio. Plan B, tiempo acotado para las pompas de jabón de Valerón y la peonza de Xabi Alonso, menos gattusiano que Baraja, pero con más criterio a la hora de trasladar la pelota. Son los dos grandes debates que sazonarán las horas previas al duelo ante la sorpresa griega. Pero hay más. Sáez anuncia, al menos, un par de cambios. Sobre un hipotético giro de estilo no se pronuncia. 1 ¿Valerón o Raúl? Muy a pesar del tímido canario, el debate sobre su titularidad es casi cuestión de Estado (hasta ZP reclamó su entrada en el descanso del encuentro ante Rusia) ¿Ha llegado la hora de un plan C? Es decir, ¿hay que hacerle un hueco a Valerón en el once titular? La afición, cuyo único plan es que jueguen los mejores, responde «sí». Dado que el seleccionador es un devoto del doble pivote, el 4-4-2 al que se aferra tendría que mutar a un dibujo a lo Deportivo, un 4-4-1-1. En este nuevo orden táctico, el canario ejercería de mediapunta, lo que obligaría a desalojar del once a un delantero. ¿A quién? Raúl no tira del carro; es más, lo ha perdido en algún lugar de la galaxia. Pero es el capitán, la estrella, el Ferrari. Sáez tiene fe en el madridista, y éste tiene ascendente sobre sus compañeros. Basta recordar el desamparo que supuso su ausencia en el España-Corea del último Mundial. Pero no es el Raúl de hace dos temporadas. Ni el de hace una. El que vagabundeó el sábado por el verde es el espectro que sólo besó dos veces el anillo en la segunda vuelta liguera. Ahora tiene el pelo más largo y, parece, la pierna más corta. No las mete ni de rechace, marca de la casa. Pese a todo, Sáez no prescindirá de Raúl. Para el vasco, esta maniobra equivale a sacrificar la dama al inicio de una partida de ajedrez. En todo caso, sentará a Morientes, más en forma, pero con menos peso mediático y en la caseta. ¿Puede ganar algo España con un delantero titular en pésima forma? Tiremos de hemeroteca: Francia alzó una Copa del Mundo, la de 1998, con el peor jugador del torneo (Guivarc?h) como única referencia ofensiva. Claro que detrás de Guivarc?h habitaba Zidane, un fantasista. 2 ¿Y Torres? Valerón practica el fútbol asociativo. No es un jugador que cante en solitario. Le van los dúos. Fue pareja de hecho de Tristán, pero esta sociedad limitada se la pegó en el último Mundial y nunca máis se ha vuelto a reunir en la selección. Sáez, que conoce esa capacidad de reunión del canario, ha decidido convertir a Torres en la pareja de baile de El Flaco. Es el plan B en su máxima expresión. Será muy complicado ver al atlético en el campo sin Valerón cerca. Forman el dúo dinámico, el equipo de emergencia. A Torres, como al deportivista, le corresponde el rol de recurso, aunque si encadena goles y resquebraja la jerarquía de Raúl podría abrir otro debate de calado: ¿El capitán o la emergente estrella? 3 ¿Baraja o Xabi Alonso? Al valencianista se le ve cansado, como si a estas alturas ya hubiese gastado toda la gasolina de la temporada. El sábado falló hasta sencillos pases horizontales. La inclusión de Xabi Alonso, más pausado y dotado de mayor precisión en el desplazamiento de balón, parece inminente. 4 ¿Etxeberria o Joaquín? Frente a Rusia, el vasco estuvo voluntarioso, que es lo que se dice de los toreros cuando les sobra entrega y les falta inspiración. Insistente hasta la pesadez, Etxebe lo intentó ante la zaga rusa, pero apenas desbordó. Huele a víctima de las rotaciones. Lo sustituiría Joaquín. El bético está lejos de su mejor versión. No es el que enamoró en el Mundial hasta que el destino le hizo tirar el penalti que nos envió de vuelta, pero aportaría dosis de improvisación. 5 ¿Raúl Bravo o Capdevila? Hay jugadores a los que el fútbol trata mejor de lo que se merecen. Es el caso de Raúl Bravo. Todo entrenador tiene un jugador fetiche. El madridista ha tenido la fortuna de que lo ha adoptado como tal todo un seleccionador. Bravo aporta velocidad. Sólo eso. Y sin control. Cuando se suma al ataque, resta. Más profundo es el deportivista Capdevila. De acuerdo, llegó de rebote al torneo, pero también un puñado de daneses volvieron de las vacaciones para jugar una Eurocopa y acabaron llevándose el trofeo. 6 ¿Casillas o Cañizares? A veces, la prensa deportiva genera debates con el único objetivo de llenar páginas. La discusión sobre la titularidad en la portería española, totalmente artificial, quedó zanjada en Faro. Cuando se le necesitó, Iker Casillas estuvo en su sitio. Muy concentrado pese a lo espaciado de los ataques rusos, frustró dos goles. A Cañizares le queda animar, como hizo en el último Mundial, sólo que esta vez sin muletas.