El corredor del Euskaltel vence en la Dauphiné y se reivindica como uno de los grandes aspirantes a romper el poder establecido en el Tour
13 jun 2004 . Actualizado a las 07:00 h.La Dauphiné Libéré es una de las mejores tarjetas de presentación de cara al Tour de Francia. Por eso la victoria de Iban Mayo (26 años, Igorre), que releva a Lance Armstrong en el palmarés de la prueba francesa, va más allá de la mera anécdota de palmarés. Esta carrera ya fue el trampolín internacional para el corredor del Euskaltel la pasada temporada. En el 2003 finalizó segundo y se llevó todos los maillots (montaña, regularidad y combinada) excepto el amarillo, que fue para Armstrong. Este año ha protagonizado la que parece ser su consagración definitiva en la presente edición. Ayer certificó su victoria en la general al mantener su ventaja sobre sus rivales en la última jornada. El triunfo de la etapa para Stuart O¿Grady. Pero el que presenció sus credenciales fue Mayo. Quizás lo más sorprendente han sido sus dos victorias en las dos etapas contrarreloj que se disputaron en la Dauphiné 2004. Se impuso en el prólogo de Megeve, de una distancia de 5,4 kilómetros, por delante de los estadounidenses Tyler Hamilton y Lance Armstrong. Él, un buen escalador, batió a los grandes especialistas curtidos en eso de devorarle segundos al crono. Y confirmó su excelente estado de forma en la cronoescalada de Mont Ventoux, el pico de paisaje lunar que le resultado tan querido y familar a Armstrong. El español firmó una exhibición que ha dejado para la historia un nuevo récord de ascensión al árido pico. Sólo Tyler Hamilton, del Phonak, se atrevió a situarse a menos de sesenta segundos del corredor vasco, que dejó al vencedor del Tour a dos minutos. Tanto Mayo como Hamilton comprobaron que el ganador de los últimos cinco Tours cedió mucho más terreno del que acostumbra en la Dauphiné, donde nunca acude a entrenarse. Mont Ventoux es la versión francesa del paseo triunfal que Mayo ha protagonizado en la presente temporada en las carreteras españolas: la Vuelta a Asturias, la Subida al Naranco, la Clásica de Alcobendas... Todas han pasado a formar parte del palmarés del ciclista del Euskaltel. Pero él, alérgico a la arrogancia, prefiere no fomentar su mito: Que si Armstrong ha tenido un mal día, que si él mismo lo tendrá en el próximo Tour, que si no se ve como relevo del estadounidense, que si en los últimos kilómetros del Mont Ventoux se respira mal... Está feliz, pero sin euforia. «No ha sido un triunfo fácil», reconoce. Pero Mayo es la gran esperanza para los que esperan una ronda francesa animada, que se salga del guión y que recuerde un poquito al viejo ciclismo. Su arranque en la montaña es valiente y terrible, y arriesga en los descensos. Es un escalador que rompe el perfil de ciclista calculador que ha dominado las grandes vueltas en los últimos años en una dinámica en la que sólo Pantani puso un paréntesis. Su gran gesta sigue siendo la victoria en el 2003, el año de su irrupción en la élite, en el mítico Alpe D'Huez. Fue un triunfo increíble para un ciclista al que le costaba encontrar equipo cuando era aficionado. Ahora se encuentra bien y no se plantea dosificarse, como ya le recomiendan algunos. «Si ganas, porque ganas. Si no ganas, porque no ganas. Hay gente que prefiere pegarse palizas entrenando. Yo prefiero correr y si corro y estoy bien salgo a ganar», explicó. Después de flirtear con otros deportes de niño y de seguir sobre la bicicleta por afición y no por ambición, siente que tiene que aprovechar el momento. Y su momento puede ser el Tour.