El triunfo del Zaragoza aleja al Atlético de la UEFA

Ignacio Tylko MADRID

DEPORTES

FERNANDO ALVARADO

Los maños remontaron en el tiempo añadido

16 may 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

Ante un Zaragoza ya salvado y con su afición volcada en el homenaje a su ex presidente, el Atlético fue capaz de cambiar su leyenda de pupas y se alejó casi de forma definitiva de la Copa de la UEFA tras perder un partido increíble en el descuento, merced a dos goles del paraguayo Toledo. Los rojiblancos habían jugado rematadamente mal, pero ganaban por un gol a cero gracias a un disparo de Nano mediada la segunda parte. Saboreaban un triunfo, quizá injusto por merecimientos, que les mantenía en Europa. Pero apareció el defensa paraguayo para cerrar la penosa tarde para los atléticos. Minuto 20 de la segunda parte. El Atlético era un alma en pena. Nano se aprovecha de la brega de Nikolaidis, recibe un balón de oro y lo coloca con la zurda lejos de Valbuena. El ex azulgrana mira al cielo, levanta el dedo índice y se lo dedica al fallecido Jesús Gil. Los rojiblancos vencían en ese momento a su estado de ánimo, a un Zaragoza superior que sólo se jugaba la profesionalidad y seguían instalados en zona UEFA, a falta de una jornada. Nada, salvo la historia, la curiosa tradición colchonera, hacía presagiar otro final. Ni siquiera se lo creían los maños, que apenas festejaron sus goles y al término del duelo se abrazaron a los madrileños, como pidiéndoles perdón. Los rojiblancos jugaron agarrotados, atenazados, incapaces de dar tres pases seguidos y engarzar una jugada de cierto mérito. Los desmarques de Torres no hallaban respuesta debido a las bajas de Ibagaza y Jorge. Manzano rectificó su equivocado planteamiento tras el descanso. Dejó en la caseta a Aguilera y Simeone y apostó por el chaval Gabi, un prometedor organizador, y el ariete Nikolaidis, reclamado por la afición y capaz de revolucionar un partido por su pujanza, no por su limitado fútbol. Sin ser nada del otro mundo, el Atlético de Madrid mejoró sus prestaciones. Pero tras ese gol de Nano cometió el imperdonable error de creerse que todo estaba acabado. El «y tal y tal y tal...» volvió a escucharse con fuerza en el Calderón, pero acabó con una monumental pita.