«El Oporto es una nación»

Alberto Magro ENVIADO ESPECIAL | OPORTO

DEPORTES

XOSÉ CASTRO

El lema de las bufandas del equipo se ha hecho realidad: rivales, seleccionador e instituciones se unen para llevar al club a la final

03 may 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

Hacía lustros que Portugal no tenía la Copa de Europa tan cerca. Desde que en 1987 Futre y compañía le birlaron el trofeo al todopoderoso Bayern, las glorias europeas se han limitado a la UEFA que el propio Oporto logró el año pasado. El tiempo transcurrido desde aquel mítico 1987 ha dañado la moral colectiva de los clubes lusos, que ahora hacen piña para reivindicar ante los grandes de Europa el fútbol-fado (lento, muy lento). Por eso las rivalidades han quedado a un lado. Ni siquiera en el Benfica, el equipo portugués con más aficionados, más historia y mejor palmarés, ponen pegas a la ayuda que ha recibido el Oporto en las últimas semanas. En esta ocasión, todo Portugal es blanquiazul. Se hace así realidad el lema plasmado en las bufandas del club: «El Oporto es una nación». El concepto ha llegado a adquirir tal nivel de realidad, que incluso el venerado Luis Figo ha sufrido las iras de la afición portuguesa por criticar que el seleccionador prescindiese de los jugadores blanquiazules para el partido del miércoles. Un aficionado del Benfica, Paolo Mendes, explica esta reacción de un modo muy gráfico: «Figo debería haberse callado la boca. El Oporto, nos guste o no a los del Benfica, está trabajando para el bien del fútbol portugués, y Figo no. Al menos en su club, no». Porque tanto los seguidores del Benfica como los del Sporting, los dos rivales lisboetas de los dragones, saben que su futuro en Liga de Campeones depende del éxito del Oporto. No en vano, la Superliga sólo da un pase directo para la máxima competición continental, y esa plaza lleva una década teniendo un dueño casi exclusivo: el Oporto, que acaba de sumar su octavo título en diez años. El Gobierno luso anima La victoria doméstica sirvió además para que el club se convirtiese por unos días en el equipo del Gobierno. En tan sólo una semana, el primer ministro, el ministro de Interior y el mismísimo presidente de la República le han deseado suerte al club norteño para el partido de Riazor. «Quiero desear éxito al Oporto en la Liga de Campeones, algo que sería motivo de alegría para todos los portugueses», decía el primer ministro, Durao Barroso, en una declaración que calcaba horas después Jorge Sampaio, presidente de la República. Las palabras de apoyo de grandes personalidades son unas de las ventajas de ser el principal equipo de la segunda capital del país. Otro punto a favor es la facilidad que da ese rango a la hora de pedir ayuda a otros clubes, como el Río Ave. El conjunto de Vila do Conde tenía previsto enfrentarse el sábado a los de Mourinho, pero accedió a adelantar la fecha «para facilitarle las cosas al Oporto». El partido se celebró el viernes, y en él sólo participó uno de los jugadores que estará el martes en el equipo titular. El Oporto llegará así a tierras gallegas sin más preocupaciones que el Deportivo y con diez días de descanso en la mochila. Tiempo de sobra para recordar el espíritu de aquella gloria europea de 1987.