Ganó a un Madrid que no se recuperó tras la expulsión de Figo y que acabó agotado. Un genial pase de Ronaldinho propició el gol del triunfo del conjunto catalán.
25 abr 2004 . Actualizado a las 07:00 h.Un paciente y afortunado Barcelona supo esperar a que el Real Madrid se extenuara tras la expulsión de Figo, a 20 minutos del final, para dar un brutal golpe de efecto en Chamartín (1-2) y meterse en la pelea por la Liga. Sin brillo, pero con un trabajo más estajanovista que nunca, el conjunto blanco gobernó el duelo frente a un apocado rival hasta que llegaron tres acciones claves: la entrada al campo de Kluivert, el empate (1-1) y la expulsión de Figo cuando los merengues trataba de levantarse del golpetazo de la igualada. De todo ello se deduce, además, que la mayor profundidad de banquillo de los catalanes resultó determinante. Ronaldinho, que pasó como un fantasma por la Castellana durante más de una hora, exiliado a la banda izquierda, apareció en los momentos decisivos y destrozó a sus contrincantes cuando se propuso entrar por el centro. Adoleció de continuidad, pero justo cuando más se le necesitaba estuvo soberbio. En el planteamiento del encuentro, Carlos Queiroz desoyó por completo cualquier recomendación directa o indirecta y apostó por Cambiasso como acompañante de Beckham. No incluyó en el once ni a Borja ni a Guti, a quienes prefiere la cúpula blanca. Si el Madrid quiso ganar desde la lucha y, por su puesto, con apariciones de hombres tan desequilibrantes como Figo y Zidane, además del omnipresente Solari, el Barcelona trató de imponerse desde un mejor trato del balón. Abrió todo lo que pudo el campo, con Overmars y Ronaldinho pegados a la cal, Davids y Cocu trabajando en el medio y Xavi como referencia para el enganche entre el centro del campo y el ataque. Así, en principio, el partido discurrió aburrido, con dominio estéril del Barça y buen orden defensivo del Madrid, hasta la última fase del primer período. Entonces, los blancos se desencorsetaron y merecieron marcar. Embotellaron a los culés y no anotaron de milagro. En una misma jugada, Valdés desvió mal un tiro de Zidane y salvó de forma milagrosa ante Raúl antes de que el zambombazo de Roberto Carlos se estrellara en Puyol bajo los palos. En el córner siguiente, el balón se cayó en el pie a Figo y sale rozando el palo. Y poco después, el Barça se salvó por el travesaño y por una mano de Valdés en la mismísima línea. El decorado pintó igual en el arranque de la segunda parte, con el Madrid desmelenado y el Barça atemorizado. Zidane y Figo volvieron a poner en serios problemas a Valdés antes de que Solari marcase con un ajustado zurdazo. Rijkard reaccionó de inmediato. Retiró a Saviola y Overmars y apostó por Kluivert y Luis Enrique, cuya sola presencia solivianta a la parroquia merengue. Y el Barça empató a la primera con un centro de Van Bronckhorst y un remate a placer de Kluivert. Cuando el Real Madrid se reponía, llegó la entrada a destiempo de Figo y su expulsión por dos cartulinas amarillas. Los blancos, agotados física y mentalmente, ya sólo podían apelar a la heroica. Apareció Ronaldinho, ya con espacios, y los azulgrana fueron dueños de la situación. Ganaron gracias a Xavi, a un gran pase de Ronaldinho y a otro error mayúsculo de la zaga del cuadro madrileño. Así se fraguó un gol que prende de nuevo la mecha de la competición. Arde la Liga.