Gasolina hasta Riazor

La Voz

DEPORTES

El Deportivo planta cara al Oporto en el estadio del Dragón y traslada a A Coruña la resolución de la semifinal de la Liga de Campeones

21 abr 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

El Dépor llenó de ilusión los depósitos de cientos de vehículos que regresaron a Galicia tras el partido de anoche. La A-9 era de madrugada una fiesta al volante y hasta el leñazo de los peajes se asumía de otra manera. Antes, el conjunto coruñés había llenado también su depósito, pero de gasolina. Por los malos precedentes fuera de casa en la Liga de Campeones, había dudas sobre si regresaría a A Coruña con combustible suficiente para afrontar el partido de vuelta con garantías. Pero esta vez, el conjunto estuvo a una altura magnífica. El estadio del Dragón fue en el primer tiempo un tablero de ajedrez. Dos poderosos equipos estudiaban sus movimientos y buscaban la manera de cerrarse respectivamente los caminos hacia el ataque. Desde el primer momento, el Oporto no encontró las vías para llegar hasta Molina. El Dépor cerró bien los espacios, y eso es decir mucho en un campo de fútbol de tan amplia superficie, una versión portuguesa del inmenso Camp Nou. Desde un buen posicionamiento inicial, El Dépor salió bastante bien hacia posiciones de ataque, pero le faltó coordinación. Tal vez porque el equipo no seleccionó bien el último pase. Y probablemente tampoco el penúltimo. La verdad es que con los espacios que encontró el Deportivo se echó en falta una mayor participación de Valerón, que apenas entró en juego en la primera mitad. Y ni Luque ni Víctor consiguieron abastecer el ataque coruñés. En vista de que no era capaz de superar al Deportivo por la vía futbolística, el Oporto llevó el partido al terreno penal. Lo que hicieron los portugueses es una salvajada con consentimiento, el de Markus Merk, que permitió todo el juego sucio de los de casa. Por cierto, tampoco se entiende que Luque se retuerza de dolor detrás de una portería sin que César Cobián, médico del Deportivo, se digne a acercarse para ver al menos qué le pasa. La bronca de Alberto en la camilla fue tan airada como comprensible. El Dépor espero bien atrás a su rival y le cedió una posesión (61% al descanso) que el Oporto no supo administrar bien. La basculación del equipo coruñés y el orden que pedía Irureta fueron suficientes para maniatar al rival. El estadio del Dragón reclamó los incontables fueras de juego de McCarthy, otra buena medida de los coruñeses, pues el sudafricano es el jugador que más fueras de juego suma de todos cuantos participan en esta edición de la Liga de Campeones. Poco a poco, el partido desfilaba por los caminos de equilibrio que esperaba Mourinho. Pero también por los derroteros que anhelaba Irureta. El Dépor se sacudía el acoso del Oporto que esperaba Jabo al inicio del segundo tiempo. El tiempo se convertía lentamente en el segundo mejor aliado de los coruñeses. El primero, el travesaño; porque la suerte, la imprescindible. Riazor dictará sentencia.