La gallega Pilar Hidalgo sube al podio en el Europeo disputado ayer en Valencia y que concluyó con el triunfo de la portuguesa Vanesa Fernandes.
18 abr 2004 . Actualizado a las 07:00 h.Pilar Hidalgo besaba a su padre metros antes de cruzar la línea de meta. La triatleta de Cee, emocionada, celebraba así una medalla de bronce con la que no contaba y que al mismo tiempo le da un baño de autoestima muy importante de cara al futuro. La gallega del Club Cidade de Lugo Fluvial realizó una carrera espectacular, marchando siempre en el grupo de cabeza. De hecho, fue la primera en salir del agua. Así lo anunciaron por megafonía para delicia de las miles de personas que se congregaron en el circuito ubicado en la playa de las Arenas. La buena actuacion en los 1.500 metros de natación permitió a Hidalgo meterse en un grupo de cinco que definiría el campeonato europeo. Allí, como peor compañera de viaje, la portuguesa Vanesa Fernandes, una joven triatleta llamada a hacer grandes gestas en este deporte. Este grupo enseguida se vio con una ventaja de medio minuto que fue manteniendo. Así hasta que a falta de tres vueltas para la transición, la británica Dibens decidió probar en solitario. Se marchó y abrió hueco, pero la verdadera guerra venía detrás. El grupo de la gallega comenzaba a tener una ventaja muy importante sobre el pelotón, en el que iba Ana Burgos. De hecho, Pilar Hidalgo comenzó a correr con 1.45 de ventaja sobre la que en ese momento defendía el título europeo, Ana Burgos. Quedaba la duda de cómo aguantaría la de Cee después de haber sido la que durante más tiempo había tirado de sus compañeras. Homenaje para Fernandes La carrera a pie fue un homenaje para Fernandes. La portuguesa pasó como un cohete a Dibens y empezó una exhibición que la llevaría al oro. Por detrás, Hidalgo aguantaba arriba e incluso se iba a por la plata. Sólo el tramo final de la austriaca Katy Allen lo impidió. Pero el podio para Pilar Hidalgo ya era un hecho y la confirmación de su clasificación para competir en los Juegos Olimpicos de Atenas. Una medalla de bronce inesperada para quien vaticinaban, en el mejor de los casos, un lugar entre los diez primeros clasificados. De ahí el emocionado beso a su padre a veinte metros para la línea de meta. Y su enorme sonrisa una vez cruzada la misma.