El conjunto blanco pierde ante el Hapoel de Jersulén la final de la Copa ULEB y la clasificación directa para la Euroliga
13 abr 2004 . Actualizado a las 07:00 h.La Copa ULEB acabó para el Real Madrid en Bélgica en medio de una terrible decepción. Sin título, sin pasaporte para la próxima Euroliga y con la dolorosa espina de haber disputado un mal partido y haberlo entregado, además, a un debutante en estas citas continentales, el Hapoel Jerusalén israelí, que ganó el primer entorchado europeo de su existencia y ascendió al paraíso con todo merecimiento. Las finales desconocen el significado de la palabra favorito. El cliché apuntaba al equipo español, pero una final es, siempre, una final. Un escenario que encoge muñecas, revela niños bajo la apariencia de hombres, deja mentes en blanco, borra ideas y anula corazones. Como efecto contrario, agranda ambiciones, transforma víctimas en verdugos, cambia gloria por resignación y obra, en definitiva, toda clase de mutaciones que escapan al control de pronósticos y diferencias. El Madrid experimentó muchas de ellas, y de las negativas. Los madridistas tardaron en entrar en ambiente frente a una grada dominada de largo por la afición israelí. La idea de explotar la superioridad interior parecía clara en principio, con seis puntos a cargo del letón Kaspars Kambala y del irlandés Pat Burke, pero inmediatamente dejó paso a una mala defensa y a un ataque volcado sobre un perímetro que veía el aro como un dedal. Dos tiros libres de Ido Kozikaro a los siete minutos marcaron (8-11) lo que aparentaba ser el principio del asentamiento blanco. Un parcial de 7-0 liderado por el hombre mejor plantado en la grada, el estadounidense Bennett, condujo al Real Madrid hasta una corta ventaja (15-11) que, sin embargo, el Hapoel Jerusalén supo igualar para cerrar el primer cuarto en equilibrio (15-15). Tres errores seguidos desde el 6,25 a cargo de Fotsis abrieron la espita del desasosiego blanco. Una brecha de nueve puntos (15-24) lanzó el primer aviso. Y apareció la ansiedad en un bloque empeñado en lanzar triples, aún sin éxito, y ajeno a la idea de aprovechar la ventaja de centímetros en la pintura. Con todo, ni el cuatro de dieciséis en triples del Real Madrid en los dos primeros cuartos, ni su mal juego, ni un buen Hapoel decantaron el choque tras veinte minutos. A pesar de todo, los blancos, sin inspiración alguna, mantenían vivas sus opciones (33-37). La salida del tercer cuarto, por el contrario, les metió en un callejón de difícil salida. El estadounidense McCarty anotó trece puntos en siete minutos y abrió el abismo (43-58). El hundimiento asomaba a la vuelta de la esquina. El Hapoel jugaba desbocado y la misión exigía milagros después del tercer cuarto (53-68). Tras errar tres triples de forma consecutiva, el empeño de Kambala devolvió la esperanza a los blancos. El letón encadenó ocho puntos (63-70), pero su quinta falta arrojó otro oscuro nubarrón a un Madrid acosado por el cronómetro. Un resbalón de Bennett con 72-77 y 38:8 segundos por disputarse sellaron la defenestración definitiva del Madrid y abrieron las puertas del cielo al Hapoel.