El español fue sexto pese a salir último y sufrir una avería
04 abr 2004 . Actualizado a las 07:00 h.El mundial de fórmula 1 es un monólogo escrito con tinta roja, donde Ferrari ha convertido su estrategia en una costumbre. El ritual de Schumacher huyendo y Barrichello taponando empieza a ser contraproducente para el automovilismo. Y encima, el teórico grupo de la oposición, Williams, se ha rebajado al nivel mediocre de los McLaren, una vez más fuera de carrera entre llamaradas y extintores. Así, el nuevo circuito de Bahréin se estrenó con tres viejas historias: el triunfo de Schumacher, seguido por Barrichello; el segundo podio consecutivo para el inglés Jenson Button; y otra milagrosa remontada de Fernando Alonso, sexto en el asfalto árabe. El asturiano no pudo repetir la meteórica salida de Sepang. Ayer los Jaguar, lejos de apartarse, le obligaron a rozar el muro y Alonso tuvo que ingresar en boxes para cambiar el alerón delantero. Es decir, a su postrera posición en la parrilla, tuvo que sumar un retraso adicional de 16 segundos. Parecía que el español estaba condenado al ostracismo, pilotando entre los Sauber y los Minardi. Pero por delante tampoco había precisamente emoción porque, en la tercera vuelta, Schumacher ya aventajaba en siete segundos a Montoya. Pero una carrera de fórmula 1 alberga múltiples sorpresas. Alonso fue paciente y remontó los puestos que dejaban los abandonos (el motor de Raikkonen, nuevo, comenzó a arder en la séptima vuelta). Renault arañó varios segundos en los repostajes. Los adelantamientos a Minardi, Jordan o Toyota fueron sencillos. Contra todo pronóstico se plantó cerca de los puntos. Rebasar a Felipe Massa (Sauber) le otorgó el undécimo puesto, después fue a por Webber y, tras varios giros, se colocó octavo. Lo intentó con Sato, pero los BAR-Honda no están de broma. La escudería inglesa está usurpando el lugar natural de Renault, y el joven Janson Button comienza a robar el protagonismo reservado a Alonso, que se despide de Asia con dos exhibiciones pero muy pocos puntos.