El triatleta aventurero

Alexandre Centeno Liste
Alexandre Centeno A CORUÑA

DEPORTES

M. MORALEJO

El coruñés David Castro debe enfrentarse a mil y un avatares para sobrevivir en la élite nacional

04 mar 2004 . Actualizado a las 06:00 h.

Se paga los viajes, comparte piso con rivales en los desplazamientos y tarda días en realizar recorridos que sus compañeros de la selección española hacen en horas. Es el sino de David Castro, el triatleta aventurero. Mientras Iván Raña y Javier Gómez Noya viajan en el camarote de primera del triatlón, el coruñés David Castro lo hace en uno de tercera. Ser subcampeón del mundo júnior, entre otros logros, no le sirve para algunas cosas. Está igual que sus paisanos en la selección, pero por debajo en el ránking. Eso le impide gozar de los privilegios de los mejor clasificados y le obliga a mil y una hazañas para sumar puntos que le permitan alcanzar uno de los cinco primeros lugares, que sirven para disputar las principales pruebas internacionales representando a la federación española. Aunque Castro está becado en la Blume, ello no le garantiza más que alojamiento y manutención. «Cuando estás por debajo del quinto puesto, si quieres competir en el extranjero tienes que buscarte la vida», explica. «Se trata de sumar puntos y, si tú no te costeas los viajes, apenas compites, con lo que bajas puestos en el ránking», señala el coruñés. Por eso, ha tenido que desplazarse a Bulgaria, Holanda o Japón. Miles de kilómetros para poder escalar unos pocos puestos. «La verdad es que, a veces resulta más duro el viaje que la propia competición». Fue el caso de la experiencia vivida en Japón. «Aterricé en Tokio, pero la competición se desarrollaba a seiscientos kilómetros. El billete de avión era muy caro y opté por el autubús y el tren. Tardé dos días en llegar». Además de pasar cuarenta y ocho horas de estación en estación, David Castro tuvo que hacer lo imposible hasta conseguir que lo dejaran llevar la bici en el bus: «Al principio, no querían. Decían que era muy grande. Y, claro, discute todo eso en inglés», recuerda. Una odisea para llegar al lugar de destino y tener que compartir un pequeño piso con dos japoneses, dos húngaros y un español: «Como andamos cortos de dinero, tenemos que ingeniárnoslas para casi no gastar nada en el alojamiento». Problemas también los tuvo en otra ocasión en un aeropuerto en el que le querían cobrar ochocientos euros por exceso de peso. «Tuvimos que desmontar la caja que llevábamos y empezar a dejar cosas en el recinto. Las azafatas a decirnos que allí no podíamos deshacernos de los extras y nosotros explicándole que no teníamos dinero». Al final se salió con la suya y llegó a su destino. Son problemas que vería recompensados si logra «alcanzar el nivel necesario para vivir de esto durante dos años. Quiero disputar las grandes pruebas». Es el reto de David desde que lo convencieron para hacerse profesional. «Yo tenía mi curro en Arteixo, con un horario, un sueldo... Pero Fernando y Ricardo -dos amigos- me metieron el gusanillo, diciéndome que no me quedara con la cosa de no haber probado. Es más, me ayudaron consiguiéndome patrocinador». Y así se embarcó en una aventura que de momento no le reporta mucho dinero, -«más bien lo contrario», comenta- pero que le hace estar en paz consigo mismo: «Si no llego a lo máximo no será por no intentarlo», apostilla.