Asombra por su juego, pero sobre todo por su madurez. Alberto Luque es, como quien dice, un recién llegado al Deportivo, pero se ha convertido en pieza básica del equipo no sólo por la brillantez de su fútbol, sino también por su mentalidad.
26 feb 2004 . Actualizado a las 06:00 h.El delantero catalán ha tenido un papel estelar en las tres fases que el equipo ha disputado hasta la fecha en la Liga de Campeones, y los coruñeses le deben en gran medida cada pase a la ronda siguiente, sin menoscabar, por supuesto, la labor del resto del equipo, que ha rallado a gran altura. Siempre se habla de la madurez de jugadores como Raúl, que no se esconden y que aparecen precisamente en las citas más complicadas, cuando el equipo los necesita de verdad. Luque se está convirtiendo en un futbolista con esa característica. Su primera aportación clave llegó contra el Rosenborg, en la roda previa de la Champions League. Después del 0-0 en Noruega, el equipo necesitaba al menos un tanto para clasificarse. Alberto lo consiguió en el minuto 16 con un castañazo desde la frontal del área -cosecha propia- que acabó con las aspiraciones del rival. Fue el único tanto en 180 minutos de eliminatoria y su valor económico para el club es incalculable. La segunda aparición estelar de Luque en Europa llegó en Eindhoven durante la liguilla de cuatro equipos. En el sexto y último partido, el PSV se puso con un 2-0 en el marcador, un resultado que apeaba a los blanquiazules de la Liga de Campeones. Luque volvió a tirar del carro. Primero marcó un golazo de falta (un zurdazo desde muy lejos) en el minuto 58. En el 82, regaló el 2-2 a Pandiani con una asistencia que metía definitivamente a los coruñeses en octavos de final. Su papel, una vez más, básico. Esos octavos de final que el equipo está disputando ahora ante la Juve suponen para el Deportivo la tercera fase de la competición continental esta temporada. En un partido sin gol, Riazor se rindió de nuevo a la eficacia del delantero, que enganchó una volea magistral frente a la Juve. Con independencia de lo que suceda en el partido de vuelta, el golazo de Luque tiene de nuevo una trascendencia estratégica. Una vez más, volvió a dar la cara cuando más lo necesitaba su equipo. Alberto metió un gol más, esta vez de menor importancia, que fue el tercero contra el AEK en Riazor. Pero los otros tres marcaron la supervivencia del equipo en el torneo continental.