balonmano
20 feb 2004 . Actualizado a las 06:00 h.El estreno del Fadesa en la tarde de los sábados llega en un momento de complicaciones médicas para el equipo que prepara Pablo Aguirregabiria. El conjunto coruñés recibe a partir de las seis y media en el polideportivo de San Francisco Javier al SAR de Redondela, con la incógnita de saber quién va va a ocupar la portería local. «Esperemos que no nos veamos obligados a tener que poner a un jugador de pista bajo los palos», se quejaba ayer el entrenador de Oñate. Y es que Óscar Patiño lleva cinco semanas sin ejercitarse, aquejado de unos problemas físicos. Mientras, Abel ha caído esta semana víctima de un proceso gripal con fiebre incluida que lo ha dejado muy débil. Su entrenador confía en tenerlos, aunque es consciente de que en condiciones muy inferiores a las habituales. Es una circunstancia ésta que se pone todavía más en contra de los coruñeses por el hecho de que el técnico rival está perfectamente enterado de la misma. El motivo es que Nacho Patiño es el hermano de Óscar, el portero del Fadesa. Pero el de la meta no es único contratiempo que debe afrontar el equipo herculino. Pablo Aguirregabiria no tiene extremos para recibir a los pontevedreses, ya que Juanjo -el derecho- se operó esta semana de un hombro, al tiempo que Carlos Blanco -el izquierdo- se hizo el sábado pasado en Carballo una rotura del ligamento interno en una de sus rodillas. Para sustituirlos, el entrenador vasco reconvertirá a su lateral derecho, Ayllón, y al izquierdo, Jorge. Unos problemas graves que debe superar el Fadesa para derrotar a un conjunto, el de Redondela, que tiene en Suso Soliño, su portero, a su mejor jugador y que llega a A Coruña sin baja alguna conocida con el objetivo de remontar el vuelo, ya que este año ocupa uno de los últimos puestos de la tabla clasificatoria. De momento, el pasado fin de semana ya dio un disgusto a Bueu, con el que consiguió empatar. Con estas premisas, el Fadesa estrena día y horario, esta tarde, a partir de las seis y media en un polideportivo, el de San Francisco Javier, que Pablo Aguirre espera que esté lleno.