Renunciar a la familia, engordar nueve kilos, entrenar duramente en Santander... El regatista coruñés cuenta en primera persona su carrera hacia Atenas 2004
25 ene 2004 . Actualizado a las 06:00 h.Atenas 2004 sería mi primera participación en unos Juegos Olímpicos, uno de los retos más importantes, sino el que más, de mi carrera. Es un sueño que antes me exige pasar por la pesadilla de la clasificación. Tendré que pelear con muchos regatistas de gran nivel. Con los rusos, neozelandeses, alemanes, portugueses... Será duro, pero si al final no me clasifico, seguro que no podré recriminarme nada porque lo dejaré todo. Llevo ya once años como profesional de la vela. Y me gustaría que la gente del deporte me conociera más. Iván Raña, por ejemplo, tira del triatlón en Galicia. Un buen día comenzó a obtener resultados. Se metió a muerte en su deporte y hoy, gracias a sus resultados, el triatlón gallego tiene muchos más practicantes. Eso debe ser un motivo de orgullo para él. A mi me gustaría ayudar a que la vela, gracias a un buen resultado olímpico, dejara de ser algo minoritario y que todo el mundo pudiera practicarla. Veo en Santander cuatro escuelas, un centro de alto rendimiento, una gran actividad con los niños. Les dan una oportunidad de que la vela les guste desde muy pequeños. En nuestra tierra, en cambio, hay muchísima gente que nunca ha probado este bello deporte. Volviendo a la clasificación, en la clase Star sólo compiten 16 países en los Juegos. Hay una selección previa muy dura. Nuestra última oportunidad de clasificación será en Italia a finales de abril en el campeonato del mundo. Quedan sólo tres plazas por adjudicar. Mi preparación la realizo en el Centro de Alto Rendimiento de Santander. Tenemos todo lo que necesitamos, aunque es una pena que no lo tengamos en casa. Además, mi tripulante Pablo Arrarte y mi entrenador, Carlos Ruigómez, están también allí. Ya desde hace tiempo estoy trabajando muy duro en un plan físico y alimentario para subir de peso. Necesito incrementar mi masa muscular y potenciarla para llevar la mayor. Necesito peso para que el barco vaya más rápido. Al colgarte por la banda, el barco será más veloz cuanto más pese yo. Mi médico es Miguel Santiago y mi preparador físico José Manuel Cardesín. Los dos están volcados conmigo. Ahora, peso 82 kilogramos. En octubre estaba en 76. Tengo que llegar al máximo posible, aunque yo creo que con 85 estaría bien. Para ello, hago pesas y una dieta estudiada. Luego tengo que tener cuidado con lo que tomo. Hablamos de una especialidad olímpica y en cualquier momento podrían venir los del antidopaje. El Star es una modalidad muy dura que precisa una gran preparación. Por la mañana corro, hago bicicleta y nado, por la tarde navego y luego me meto dos horas de pesas. Y todo por los Juegos. Porque, aunque lo primero sea la clasificación, de alcanzarla, no me daría por satisfecho. Iría a por todas, a pesar de que sé de las dificultades que acarrea esta modalidad. El Star es la clase de los expertos. El campo de regatas es cambiante y tenemos que estar preparados para saber cómo afectarán los cambios al comportamiento del barco. Se trata de que el patrón alcance una simbiosis con su barco, y que le permita llevarlo con los ojos cerrados. Mi labor es doble, por un lado está la cuestión táctica. Tienes que ir viendo qué acontece en el campo de regatas. Ver si el viento cambia o no y saber cuál es la trayectoria más corta y con menos obstáculos para llegar a la boya. Al mismo tiempo que se hace eso hay que seguir manejando el barco y utilizar todos los reglajes del mismo para que la velocidad sea lo más alta posible. Mientras, el tripulante va trimando y regulando una serie de cosas a la vez que también mira al exterior y me informa de todo lo que ve. Estar compenetrado con el tripulante es algo muy importante. Hasta ahora, las regatas que mejor nos vienen son las que tienen poco viento. Somos especialistas en estas circunstancias, hasta el punto de que la gente quiere venir a entrenar con nosotros con poco viento. En cambio, cuando lo hay, porque nos falta potencia física, no acabamos de ir tan finos. De cara a la clasificación, en Italia habrá poco viento, se supone. En Grecia, hasta cierto punto, será una lotería. La verdad es que el sacrificio que hacemos para llegar a los Juegos es grande. Pero creo que merece la pena. La vela es mi trabajo y debo volcarme en ella. Es duro estar tanto tiempo lejos de la familia, y en mi caso con una niña de quince meses. Pero lo daré todo por los Juegos. Texto transcrito por Fernando Hidalgo