«Centrados, cabeciña, sin despistes»

Manuel García Reigosa
M. G. Reigosa SANTIAGO

DEPORTES

PACO RODRÍGUEZ

21 dic 2003 . Actualizado a las 06:00 h.

El Lobelle abre las puertas del vestuario a un periodista y a un fotografo de La Voz para que contemple en directo las entrañas de un choque de alta nivel frente al Playas. No es habitual que los equipos abran el santuario de la caseta a los medios de comunicacion. Pero caben las excepciones y, en ese marco, el Lobelle de Santiago accedió a la propuesta de La Voz de Galicia. Aceptó que un periodista y un redactor gráfico siguiesen todas las incidencias del partido ante el campeón de Europa, el Playas de Castellón, desde el vestuario y a pie de pista, para trasladar al papel las sensaciones y las imágenes que envuelven la alta competición. Pasadas las 12 comienzan a llegar al pabellón los protagonistas; poco después, el entrenador, Paco Presas, envía al grupo al vestuario. Arrancan los preparativos en el epicentro del colectivo, aunque para entonces todavía late el pulso con ritmo pausado. Hay margen para las bromas, los tarareos de canciones, algún que otro comentario sobre el partido... Los latidos van cogiendo carrera y Presas le pregunta a Alemao por su estado físico. Obtiene una respuesta tranquilizadora: «Bien, bien, al cien por cien». Mimo para los tobillos Al mismo tiempo, los jugadores van pasando por las manos del fisioterapeuta, miman sus tobillos y empieza a asomar el olor a linimento. El partido es televisado, los detalles están atados y, por si acaso, se oye una voz: «¿Traéis todos las camisetas de Nissan?» Son las 12.40 y llega el primer salto de tensión, cuando el técnico toca a rebato para la charla previa al duelo. Los gestos empiezan a afilarse. Presas repasa el trabajo de la semana y dibuja con nitidez la radiografía del rival. Para contrarrestar el potencial del Playas, el técnico resume las recomendaciones/peticiones en tres trazos: «Centrados, cabeciña, sin despistes». Ha pasado un cuarto de hora y los jugadores saltan a la pista para el calentamiento. La presión arterial baja en el parqué. A las 13.40, vuelta a los vestuarios. De nuevo se acelera el pulso, con las últimas consignas: «Hoy, más que nunca, debemos ser un equipo», apunta Presas. «Llega la hora de la verdad, con cabeza, defensa fuerte», apuntilla Alemao. Resuena el «vamos, vamos», se cruzan las palmadas de ánimo y, por su puesto, hay grito de conjura. Sorprendente. En torno a una amalgama de manos emerge y atrona un «¡FLO-REN-TI-NO!». Es un juego de palabras que cuajó la pasada campaña. El presidente del club, José Antonio Lobelle, apostó por reclutar jugadores contrastados para ir en pos del ascenso. El vestuario percibió paralelismo con el primer mandatario del Real Madrid. Y así adquirió letra y decibelios la singular arenga. Al descanso El descanso del encuentro da para poco, para recuperar el resuello y comentar algunos detalles. El final, después de los dos goles en el último minuto que valieron un meritorio empate, es otra historia. Los gestos afilados se dilatan, Alemao sonríe por vez primera y todos tienen algo que decirse en un continuo intercambio de diálogos. Alemao: «Es un puntito de oro»; Pitu: «En el gol le pegué de ganapán» (y dibuja el gesto del tercer tanto); José María Penelas (segundo entrenador): «Tuvimos la suerte que nos faltó otas veces». No cabe duda de que el partido dejó buen sabor de boca.