La magia de Jesuli salva al Celta

Alberto Magro VIGO

DEPORTES

CAPOTILLO

Anotó un tanto espectacular que frenó el acoso espanyolista

16 dic 2003 . Actualizado a las 06:00 h.

Navidad en Balaídos. Ayer ya se notaba. La fecha y las lucecitas de colores que adornan Vigo lo dejaban claro. También la música emotiva que sonaba por megafonía. Tan navideño era todo que el Celta y el Espanyol se decidieron a transformar el partido en una cabalgata de Reyes, plagada de regalos y plena de candidez. El primero en abrir el carrusel de despropósitos fue el Celta: aún no habían parado de sonar los villancicos cuando un cante defensivo dejó el gol en bandeja al Espanyol. Pero el Espanyol estaba igual de generoso que el Celta, y al regalo defensivo respondió con un presente en forma de balón a la grada. Y como el primer regalito no le había gustado mucho a los periquitos, Sergio se ofreció a contentarlos: el celeste decidió fecilitarle las fiestas a Molina con una tragada de esas que suele acabar en el fondo de la red. Ayer no fue así, y Papa Noel Molina remató con inocencia navideña a las manos de Pinto. Tuvo que aparecer Catanha para que la grada se animase: el brasileño regateó con la magia de un Rey a los centrales del Espanyol, pero remató con la ingenuidad de un pastorcillo. Resultado: balón al portal de Belén, para decepción de Balaídos. Iban quince minutos y el Celta empezaba a meterse en un partido que parecía organizado por Unicef, pese a que estaba en juego el pase a octavos de Copa. Porque fútbol, lo que se dice fútbol, no hubo mucho. Sólo las faltas, las imprecisiones y las carreras alocadas hacían intuir que aquello era deporte y no la función de Pascua. Únicamente algunos detalles de Jandro y las escapadas de Juanfran hacían pensar que alguien marcaría. Eso, y los saques de esquina: uno de ellos estuvo a punto de convertirse en gol, pero la defensa periquita sacó bajo palos. El Celta empezaba a dominar. Parecía haber encontrado la estrella mágica que lleva a octavos. Los de Lotina empujaban y el Espanyol reculaba. Tanto se acomplejaron que Jandro puso al Celta en ventaja: el media punta, ante la pasividad del rival, remató a la red, ganándose una ovación y recordándole a Lotina que está para jugar en partidos de verdad. El Celta se relajó El gol, por desgracia, no espoleó al Celta. Los de Vigo ralentizaron aún más el juego y se olvidaron del partido, visto que delante estaba un Espanyol más inofensivo que la barba de Santa Claus. Los catalanes parecían en otro sitio. Apenas inquietaban a balón parado, para descanso de un Pinto que sólo tuvo que lucirse para detener una falta lanzada por Alex Fernández. De ahí, al descanso. Y, a la vuelta, más de lo mismo: cloroformo céltico e ingenuidad españolista. Tanto durmió el Celta el partido que acabó acunándose con su propia nana. Vista la parsimonia local, el Espanyol empezó a crear peligro. Los cruces providenciales de Méndez evitaban el desastre, pero la desidia local anunciaba gol visitante. Los regalos se sucedían y sólo la incompetencia de Bobson impidió el empate: bajo palos, remató al único centímetro cuadrado que tapaba Pinto. El Espanyol parecía dispuesto a tirar por el retrete todos los regalos. Craso error: a 20 minutos del final Alex Fernández empató con un magistral lanzamiento de falta. La pesadilla antes de Navidad sobrevolaba Balaídos. Parecía cerca el segundo del Espanyol. Otra vez, craso error. Apareció el niño Jesuli, que llevaba diez minutos en el campo, para sentar a tres rivales y regalar un gol celestial, que hizo olvidar el esperpento del partido. Pero el árbitro volvió a animar el cotarro: pitó un penalti dudoso contra el Celta para anularlo después por un fuera de juego que no era. De chiste, como el partido que ayer vivió Balaídos. De ahí al final, desmelene celeste al contragolpe, con gol incluido de Milosevic. 1-3 y para casa, con Lotina respirando porque parece que comerá el turrón en Vigo.