Libertad para el mago de la EPO

Íñigo Domínguez ROMA

DEPORTES

Reportaje | Escándalo en Italia La lentitud de la justicia italiana hace prescribir el delito de favorecer el dopaje de cientos de deportistas que pesaba sobre el famoso bioquímico Francesco Conconi

23 nov 2003 . Actualizado a las 06:00 h.

La lentitud de la Justicia italiana ha acabado por empantanar uno de los más sonados procesos del dopaje en ese país, el que tiene como protagonista al controvertido profesor Francesco Conconi. Este médico especializado en bioquímica de la actividad motora fue entre los años setenta y noventa uno de los gurús de la preparación física del deporte italiano. Pero las primeras redadas de la policía contra el dopaje, a mediados de la pasada década, lo dieron a conocer como un mago de la química, más que otra cosa. El escándalo puso en duda los triunfos de la élite italiana del ciclismo y de muchos otros deportes, como esquí, natación, piragüismo o incluso atletismo. Sin embargo cinco años de proceso, engordado con burocracia y errores de instrucción, hicieron prescribir los delitos anteriores a 1995, el grueso de la acusación. Respecto a los posteriores a esa fecha, el tribunal de Ferrara ha absuelto a Conconi y otros dos imputados, Ilario Casoni y Giovanni Grazzi, ex directores de los equipos ciclistas Gewiss y Carrera. «El ciudadano Conconi tiene todo el derecho a celebrarlo, pero, después de esto, el mundo no puede hacer como si nada», se pudo leer en un duro artículo en primera página del Corriere dello Sport, que reclama un proceso de la Justicia deportiva. «Más allá de la sentencia, nadie podrá borrar esos datos anómalos, ese hematocrito que rozaba el 60%», subrayaba dicho artículo en referencia a la prueba clave del caso. Se trata del famoso archivo Dblab hallado en el ordenador de Conconi en 1998 y que incluía los análisis de sangre de sus clientes en la temporada 1994-95. Estos datos mostraban cómo los niveles de hematocrito y hemoglobina de muchos deportistas se disparaban al margen de cualquier ley natural cuando se acercaban las competiciones, y luego volvían a la normalidad. Aquello apestaba a eritropoyetina, la hasta entonces desconocida EPO, pero lo peor es que la lista de clientes de Conconi, italianos y también extranjeros, componía prácticamente el medallero olímpico y el podio de los mundiales en varios deportes. La resolución, naturalmente, ha llenado de júbilo a Conconi. «En mi centro sólo se hacía investigación, no hemos favorecido el dopaje, sino el deporte. Es la misma diferencia que existe entre un desnudo de Goya y una foto pornográfica», explicó. El delito del que se le acusaba era el de favorecer el dopaje, y su abogado precisó además que esa práctica no era delito en aquella época, «así que tampoco puede serlo el favorecerlo», concluyó.