Con los ojos del corazón

Paulo Alonso Lois
Paulo Alonso REDACCIÓN

DEPORTES

CÉSAR TOIMIL

17 nov 2003 . Actualizado a las 06:00 h.

Joaquín Rodríguez Fernández es socio del Racing desde hace diez años. Cada quince días, ocupa su asiento de la preferencia de A Malata para disfrutar del fútbol y su ambiente. Alucinó con el ascenso a Segunda y sufrió como cualquiera el último descenso. Quinín, como le llaman sus amigos, es ciego. No es el único invidente en los estadios gallegos. Les une su pasión al deporte, aunque cada uno la alimenta por sus motivos. Carmen América Gómez es vendedora de la ONCE en A Coruña, donde trabaja de lunes a sábado. Desde hace cuatro años es socia del Dépor. Ella cree en el fútbol de Javier Irureta sin verlo. «Mi ceguera es total y de nacimiento». No distingue nada, pero le resulta fácil imaginar como ganó el Dépor el título de Liga. «Los tantos del partido ante el Espanyol son los que mejor recuerdo». Para disfrutar del deporte con el telón de los ojos bajado, el uso de la radio es el dilema. «La empleo a veces, pero prefiero guiarme por el ambiente, lo que escucho y lo poco que distingo», explica Luis Miguel Figueroa, fanático del Barça y frecuente en Balaídos. «De un ojo estoy ciego total desde que sufrí un accidente a los 12 años, pero tengo un resto de visión en el otro», explica. Carmen América Gómez reparte sus oídos, «uno para la radio y otro para la afición». Para seguir al COB Ourense de baloncesto, Julio Gurriarán usa catalejo: «Tengo un resto de visión que me deja llevar una vida normal. Sin el catalejo, ni en primera fila». Si apenas perciben la acción, ¿qué les lleva a los estadios? «Para ser hincha no sólo cuenta la vista, sino lo que llevas dentro y tu imaginación», explica Carmen América Castro. Coincide con Joaquín Rodríguez: «No veo los jugadores ni los goles. Perdí el 95% de la visión, pero sigo los partidos por los comentarios de la gente. Voy a A Malata por la foliada , la sensación de ir al campo, charlar, reír... ». Las obligaciones laborales impiden a José Mayo seguir al Celta tanto como quisiera. Tiene una ceguera absoluta. «Nací con un resto de visión que conservé hasta los 30 años, pero lo perdí luego». A los 54, la pasión por el deporte le lleva a Balaídos con frecuencia. «Si los jugadores se acercan veo el bulto y el color de la camiseta», explica. Los problemas no le roban la ilusión. «Creo en el afán de superación en la vida, y en el deporte como escuela para aprender cosas. Para mí fue un vehículo importante para progresar en la vida, incluso en la forma de entablar relaciones». Sentir sin ver A Julio Gurriarán le lleva al Paco Paz de Ourense su pasión por el baloncesto. «Las personas que no vemos nos metemos igual en el partido al oír al público», relata. Luis Miguel Figueroa explicaría su afición «de mil formas, porque aunque no vea un partido lo siento». Recuerda como sufría un encuentro antes del accidente en el que perdió casi toda la vista, y no aprecia grandes diferencias. «Se vive igual aunque el juego lo sigues de otra manera». También viajan. Carmen América Castro disfrutó en Madrid de la última final de Copa del Dépor. José Mayo presenció el triunfo del Celta en Anfield ante el Liverpool. Allí le llegó una sinfonía de sensaciones a través del oído: «Con el gol, acallamos a todos, que eran como una masa coral grandiosa». Y también critican. «Claro que protesto. Por la radio y por los comentarios sé como lo hace el árbitro», añade Castro.