El Real Madrid vence cómodamente al Oporto gracias a su efectividad en ataque
01 oct 2003 . Actualizado a las 07:00 h.El Real Madrid de Queiroz, cada día más parecido al de Del Bosque en todas sus excelencias y miserias, tiene un pie en los octavos de final de la Liga de Campeones tras imponerse al Oporto gracias a su inigualable contundencia. No jugaron nada bien los blancos, pero goles son amores y Casillas un portero inmenso. Frente a un rival animoso, corajudo y con calidad, el Madrid venció con relativa comodidad. No le hizo falta emplearse a fondo ni realizar un fútbol sobresaliente para resolver la cita con tres goles, obra del reaparecido Helguera, Solari y Zidane. Completó el equipo blanco una digna faena, pero debe corregir viejos errores de actitud y concentración si no quiere complicarse la vidaal final de temporada. Los de Queiroz salieron con el freno de mano en Das Antas. Como tantas veces le ocurre, anduvo contemplativo y no reaccionó hasta que no recibió castigo y vio las orejas al lobo. Sin Beckham y con Raúl en el banquillo, recién salido una lesión, el técnico portugués hizo la apuesta menos osada. Cumplió lo previsto al situar a Helguera y Guti en el medio pero dejó fuera a Portillo y se decantó por Solari, sobre el papel más trabajador y menos llegador que el de Aranjuez. Los Dragones impusieron un fuerte ritmo de inicio y, exactamente igual que hizo el Valencia en Mestalla, se adelantaron recién iniciado el partido. Un presionante Oporto, con el brasileño nacionalizado luso Deco en plan figura, desnudó por completo al Real Madrid durante más de veinte minutos y, a buen seguro, provocó que alguien echara de menos a Makelele. Y sobre todo a Beckham, por su facilidad para dar salida al balón y, sobre todo, por el trabajo stajanovista que realiza desde que llegó al Madrid. Guti no aparecía, Helguera no se hallaba, Pavón y Raúl Bravo se sacaban el balón como buenamente podían y Ronaldo no recibía en condiciones. Pero el Madrid se mantuvo en pie por las apariciones en banda de Figo y Solari, de largo sus mejores hombres. Y, una vez más, por su descomunal pegada, que le permite sacar máximo rendimiento con el mínimo esfuerzo. Ataque mortal La primera vez que el Madrid engarzó una jugada notable, empató y, desde el minuto 27, el Oporto fue un juguete en manos del Madrid, que remontó cuando Solari definió un excelente contragolpe. Ni siquiera volvieron a sufrir los blancos en el par de minutos que estuvieron con nueve a causa de una brecha de Zidane en la coronilla y un golpe de Salgado en la rodilla. El Madrid reincidió en los mismos errores y virtudes en la segunda mitad. Salió a esperar al Oporto, que arriesgó con la entrada de McCarthy, Bosingwa y Jankauskas, y por momentos se mereció que le empatasen. Pero mientras el Oporto mareó la perdiz y no golpeó, Zidane remató la faena.