Fernando Morientes condujo al Mónaco a una brillante goleada contra el AEK Atenas (4-0), la segunda victoria de los del Principado en otras tantas jornadas en Liga de Campeones, lo que coloca al equipo en buena situación para lograr la clasificación para la segunda fase. El jugador cedido por el Real Madrid marcó dos tantos, participó en otro y fue una permanente amenaza para la defensa helena, que estuvo muy por debajo de lo que se espera de un equipo en la máxima competición continental. El extremeño sumó así su tercer tanto en Liga de Campeones y encandiló al público monegasco, que le despidió con una cerrada ovación cuando se retiró para disfrutar de un merecido descanso en los albores del encuentro. El partido comenzó con dos sustos en la zaga local, en la que el chipriota Okkas hizo valer su fama de oportunista y aprovechó dos desajustes para granjearse sendas ocasiones de gol, pero no estuvo preciso en el disparo. A partir de ese momento, el Mónaco se dio un festival ofensivo en el que los griegos fueron meros espectadores. Las jugadas a balón parado, en la que al peligro de Morientes se unió el del espigado defensor Rodriguez, fueron un auténtico suplicio para la zaga griega y, en especial, para el portero Chiotis, que tuvo una noche especialmente desafortunada. Así, el Mónaco tardó 23 minutos en abrir el marcador, que terminó con un disparo de Giuly.