El equipo vigués le dio la vuelta a un marcador de dos goles en contra.
27 sep 2003 . Actualizado a las 07:00 h.?uando Makukula marcó el segundo gol del Valladolid el Celta parecía condenado a una temporada de mucho sufrimiento, pero el equipo de Lotina sacó a relucir toda su casta y consiguió remontar el resultado y sumar su primera victoria de la Liga cuando más falta hacía. Pero quedan en el aire muchas dudas: ¿Por qué el Celta juega cuando quiere, cuando se ve apretado, y al contrario, se relaja con el marcador a favor? Da la impresión de que a poco de que los jugadores se dejen la piel en el campo, el equipo podía estar entre los mejores, donde le corresponde. Desde que se subió a la tarima de los capataces, que trabajan en el altar de la Liga de Campeones, el Celta se quedó sin obreros que mantengan firme la estructura del taller de producción, la Liga. Y sin currantes, sin remeros, ningún barco se mantiene a flote. El conjunto céltico ha arrancado esta Liga llevado por la corriente, sin rumbo fijo. Ayer era el día para bajar a la oficina y ponerse el mono de trabajo, pero los celestes salieron con la caraja. Se limitaron a observar las maniobras del Valladolid, por si aprendían algo, en actitud pasiva. Y recibieron una lección en colaboración con Cavallero, que por segundo partido consecutivo en Balaídos cometió un error de apreciación y en vez de despejar el balón ante la presión de Makukula, permitió que el delantero rival lo empujase a placer al fondo de la portería. Este gol abrió una importante vía de agua y amenazaba con hundir al Celta en la zona fangosa de la clasificación. Las soluciones para al menos mantenerse a flote no llegaron. Los celestes naufragaban en cada uno de sus intentos de aproximación al área castellana. Poco a poco llevaron el partido a la deriva. La falta de organización era patente, todo lo contrario que los remeros que había dispuesto el capitán del navío contrario, Fernando Vázquez, todo un experto en llevarse un suculento botín entre las aguas revueltas de Balaídos. Y como a perro flaco todo son pulgas, los celestes también tenían mala suerte, sobre todo en una acción protagonizada por Savo Milosevic en la recta final del primer tiempo cuando estrelló un balón en el poste derecho de Bizarri, recogió el rebote y su remate en posición forzada fue despejado desde el suelo por el meta argentino. Los célticos no pudieron evitar que arreciase la tormenta en el comienzo de la segunda mitad, pues nuevamente tardó cuatro minutos Makukula en aprovecharse de la debilidad de la defensa. Cáceres no logró impedir que el africano controlase y rematase a placer. Contra viento y marea apareció una luz de esperanza cuando Jesuli sacó el salvavidas en un disparo desde fuera del área que sorprendió a Bizarri al cambiar la trayectoria Julio César. Con más de media hora por delante, Lotina buscó un revulsivo revolucionario, al sacar del terreno de juego a los dos desafortunados centrales e introducir a Juanfran y Ángel para abrir las bandas. Quedaron en defensa Luccin, Velasco y Sylvinho. Había que quemar todas las naves y los celestes pusieron pusieron toda la leña en el fuego. A base de corazón, el que había faltado hasta ese momento, el Celta salvó el partido con dos cabezazos de Milosevic y Mostovoi.