ME IMAGINO que tras alguna que otra sesuda deliberación, la Comisión Antidopaje ha decidido que a partir de ahora no se considerarán la cafeína y la pseudoefedrina como agentes dopantes. Alguno podría preguntarse: ¿si antes estaban en la lista, realmente eran agentes o no? Estas sustancias han sido utilizadas como ligeros estimulantes y lo seguirán siendo, pero a la vista de que un producto forma parte importante de la dieta de numerosos deportistas y, el otro, de numerosos fármacos antigripales, se ha decidido que es más barato descatalogar ambas sustancias que realizar la cuantificación, siempre costosa, del producto. Sigue sin atajarse el problema de base del control antidopaje, pero de alguna forma la Agencia Mundial Antidopaje ha abaratado los costes. Ello nos lleva a pensar cuándo por parte de quien corresponda decidirá realmente tratar el problema como un asunto de medicina laboral y permitir, cuando sea preciso, el uso de aquellas sustancias autorizadas para el tratamiento de todo el resto de personas; y que a un deportista, por el hecho de serlo, no se le permiten tomar, al menos en determinadas circunstancias. Por otra parte, el hecho de considerar a todo el mundo, en principio, sospechoso y culpable no deja de ser poco elegante. Miguel Santiago es profesor de Inef y especialista en medicina del deporte