Petacchi hace de Cipollini

La Voz

DEPORTES

JOEL SAGET

Alessandro Petacchi levantó tres dedos en alto hacia la tribuna donde se ubicaban las televisiones. Había ganado una nueva etapa, con lo que sumaba tres victorias en los cuatro finales al esprint de este Tour.

10 jul 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

Petacchi dedicaba el triunfo a los comentaristas de la RAI, de los que dice que hablan más de Mario Cipollini que de Petacchi. Pero ayer Alessandro hizo de Cipollini. Y Víctor Hugo Peña, que mantiene el maillot amarillo, siguió ocupando el papel destinado a Lance Armstrong. En Nevers batió a Jan Kirsipuu, Baden Cooke, Erik Zabel y Robbie McEwen, en otra etapa que se corrió a un ritmo de vértigo, 47,201 kilómetros por hora. Óscar Freire se despistó y ni siquiera se pudo meter en el esprint. Quizás no hubiera valido la pena que el cántabro llegara a la parte final con opciones. Porque Petacchi ganó con una suficiencia aplastante, sin necesidad de la guerra sucia de los codos y empujones, en solitario. A los 29 años de edad, el italiano ha tomado la senda de los grandes velocistas del Tour, de los André Darrigade, Fredy Martens, Sean Kelly, Abdoujaparov, Mario Cipollini y Erik Zabel. La fuerza con la que ha irrumpido puede llevarle a establecer un récord esta temporada. Firmó seis victorias en el Giro de Italia, ya ha logrado tres en el Tour de Francia y suma un total de quince triunfos este año sobre veinte esprints disputados. Petacchi, como otro buen número de corredores, llegó al ciclismo debido a la afición que tenía su padre, Lucio, por este deporte, y concretamente por Giuseppe Saronni. Toda la familia estuvo viendo el Mundial de Goodwood (Inglaterra), en el que Saronni logró el título. Antes de subirse definitivamente a la bicicleta había destacado en natación (como Víctor Hugo Peña) y carrera pedestre. Después, ya como ciclista aficionado, militó en el equipo Bottegone Pistoia, donde también corrieron Francesco Casagrade, Michele Bartoli y Mario Cipollini. En el Scrigno, como profesional, trabajó para Fabrizo Guidi hasta que Giancarlo Ferretti le llamó para el Fassa Bortolo. Su madre, Gaudilla, no ha visto ninguna de sus victorias, ni en directo, ni en televisión. Los nervios le impiden hacerlo. Su padre siguió este año todo el Giro en una furgoneta para ir viendo los triunfos de su hijo. Puede que la señora Gaudilla tenga que apagar la tele también hoy, con una etapa de 230 kilómetros entre Nevers y Lyon, con dos puertos puntuables y con posibilidades de escapada, pero con maneras de finalizar también en un esprint.