Baden Cooke gana la segunda etapa al esprint y McGee mantiene el liderato
07 jul 2003 . Actualizado a las 07:00 h.Los australianos, que tienen sus propias tradiciones en las celebraciones del San Fermín, han conseguido que su fiesta avance hacia el norte. Porque un australiano, Baden Cooke, ganó al esprint la segunda etapa del Tour de Francia. Y porque el joven Cook, de 24 años, comparte nacionalidad y equipo (Francaise des Jeux) con el líder de la carrera, Bradley McGee. Sin Mario Cipollini y Tom Steels, y con veteranos como Petacchi, McEwen, Zabel, O?Grady Kirsipuu en la lucha por el trono de los velocistas, el Tour abre nuevas vías. Las noticias de la jornada se produjeron en la meta y en la salida, donde ya no estaban el estadounidense Levi Leipheimer y el holandés Marc Lotz, lesionados tras la caída colectiva de la primera etapa con llegada en Meaux. Tyler Hamilton y el francés Jimmy Casper decidieron continuar pese a sus grandes molestias físicas. Los dos quisieron probarse en una etapa anodina que siguió el guión: ritmo no muy elevado; escapada de dos humildes, Finot y Jélou; y caza exitosa a cargo de los gregarios de los velocistas. Finot estuvo 197 kilómetros fugado, pero no pudo completar con éxito su aventura. Pero el Tour siempre deja una parte a merced de la improvisación. No estaba previsto el triunfo de Cooke, un joven segunda fila que derrotó a los viejos tiburones. Tampoco se esperaba que Alessandro Petacchi se quedara descolgado en el puerto que había a 4,5 kilómetros de la meta. Y, desde luego, no estaba en el programa que se registraran nuevas caídas, pero los corredores volvieron a probar el suelo. De hecho, Quique Gutiérrez (Kelme), uno de los protagonistas del percance del domingo, se cayó a diez kilómetros de la meta y terminó magullado. Otra vez. «Parece que me ha mirado un tuerto», se quejaba el corredor español, al que los periodistas franceses culpan de la caída de Meaux (omiten que fue empujado por un ciclista galo). Pero esas críticas no se extendieron al pelotón, que sí teme sin embargo la osadía de Cooke, el vencedor de la jornada, un ciclista que pertenece a la raza de los kamikazes, de los que arriesgan más de lo que esta permitido. «Mi estilo con el esprint no me permite el miedo», admite. Ayer apostó y ganó. Pero hoy gira de nuevo la ruleta del Tour y juegan fuerte otra vez los velocistas. Otra oportunidad para Óscar Freire. La tercera etapa se disputará entre Charleville-Méziers y Saint-Dizier, con 167,5 kilómetros y un recorrido totalmente plano. Sólo hay un puerto de cuarta categoría en el kilómetro 8, el de Boutancourt, con 2,7 kilómetros de subida y un desnivel del 4,9%. Puede que se siga el guión tradicional de estas jornadas, pero nadie garantiza que la presunta siesta no depare pequeñas sorpresas.