Armstrong otea el Olimpo

Mariluz Ferreiro A CORUÑA

DEPORTES

El Tour abandona su estado de hibernación para empaparse en su propia grandeza. La Grande Boucle celebrará su cumpleaños con un nuevo mito o con el final de una era. Porque la edición del centenario gravita alrededor de un nombre del presente que ya enfila la historia: Lance Armstrong.

03 jul 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

Mañana le espera un aperitivo, un prólogo de ocho kilómetros. Después, quizás el quinto triunfo. Puede que Jacques Anquetil, Bernard Hinault, Eddy Merckx y Miguel Indurain tenga que apretarse un poco y hacer un hueco en el olimpo para el norteamericano. Pero, aunque acabe como Le Tour de Lance, la carrera siempre comienza, implacable, como Le Tour de France. El Tour de nadie, sólo de sí mismo. Como en los últimos cien años. El inefable patrón de la ronda francesa, Jean-Marie Leblanc, en su afán por destruir a cualquier no francés que se instale en el trono parisino, ha elegido un recorrido duro y clásico. Es un desafío y un homenaje que ha intentado abarcar todos sus mitos. Y en el Tour han existido siempre dos clases de mitos: los ciclistas y las cumbres. Traducido a la presente edición: Armstrong y el Galibier, el Alpe d?Huez, el Tourmalet y Luz Ardiden. En Francia intentan que el orden de los factores varíe el producto. La primera contrarreloj larga se disputará después de la visita a los Alpes. Y la visita a los Alpes se producirá antes que el paso por los Pirineos. Conclusiones: Armstrong no podrá defender ninguna ventaja adquirida en una crono en su primera cita montañosa, y las jornadas pirenaicas le roban a las alpinas el papel de juez final de la carrera. Este año la montaña, madrugadora, se interpone entre los ciclistas y París ya en la séptima jornada y depara dos binomios infernales. Una de las etapas alpinas unirá la peor cara del Galibier con el Alpe D?Huez. La serpiente multicolor tendrá que reptar por las 21 curvas sibilinas, las herraduras del puerto bautizadas con nombres de ciclista que han marcado la historia moderna del Tour. No es la subida más dura. El Angliru, el Mortirolo italiano o el propio Galibier lo superan en crueldad. Pero la leyenda del Alpe D?Huez estira sus rampas. El Tourmalet y Luz Ardiden se unen en otra jornada concebida para despertar la épica. De nuevo una cima de durísima ascensión antecede a otro puerto complicado en el que culmina la etapa. Y, en este caso, en terreno de ciclistas españoles, ya que se han impuesto en cuatro ocasiones en Luz Ardiden. El único ausente de los colosos del sufrimiento quizás sea el Mont Ventoux. Lo recordó Armstrong, quizás nostálgico de la cima que en su día fue para él una buena aliada. Por lo demás, lo habitual: un prólogo, dos cronos individuales y otra por equipos. ¿Más duro que otras ocasiones? El rumor que envuelve el pelotón dice que sí. Aunque algunos discrepen. Pero, independientemente de su nivel de dificultad, la vuelta francesa nunca es dócil, ni siquiera para Armstrong. La gran verdad salió de las bocas de Echavarri y Gorospe: «El Tour siempre es el Tour, sólo cambian los protagonistas».