Un AVE para Julio César

Alfonso Herrán REDACCIÓN

DEPORTES

CARLOS RODRÍGUEZ

La carrera del preparador argentino tomó una velocidad vertiginosa desde muy temprano y ahora se detiene en una estación blanca sumida en la crisis y el desorden absoluto

08 jun 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

Las legiones madridistas se detienen al paso de Julio César, un nombre sonoro que irrumpe en pleno derrumbre del imperio baloncestístico merengue , el más importante y fabuloso que ha conocido jamás el hombre. Los vientos de crisis se han llevado en los últimos tiempos a entrenadores reputados, jugadores consagrados mundialmente y hasta dirigentes de postín. La última víctima de este ogro devorador ha sido Javier Imbroda, encumbrado hace un año como técnico de moda por su trabajo en la selección y lanzado a los pies de los caballos en la actualidad por amalgamar un equipo apto para un desguace. El Real Madrid trató de rehacer su maltrecho hogar cestista tras la debacle de la liga regular, en la que el equipo se quedó por primera vez en la historia fuera del play off . El director general, Jorge Valdano, reclutó de nuevo para la causa a Lolo Sainz, cuya figura es respetada en todo el mundo, y éste eligió a Julio César Lamas como candidato ideal para sustituir a un dubitativo Imbroda. «Su trayectoria y su talante están ahí. Lo conocí en el Mundial de Grecia y desde entonces lo admiro», confesó Sainz. Lamas tiene sólo 39 años, pero su currículo asusta. Lleva desde los quince sentado en los banquillos y durante su etapa como seleccionador albiceleste pasaron por sus manos todos los grandes jugadores que ahora asombran al mundo, incluido ese Manu Ginobili que anda ahora rozando el anillo de campeón en la NBA con los Spurs. «Es exigente y meticuloso», apunta David Gil, uno de los jugadores que le acompañó al ascenso hace un año en Alicante. Antes de eso, recaló en el baloncesto español en la difícil plaza del Tau, en donde cogió al equipo en la decimotercera jornada y lo dejó al concluir la campaña en la cuarta plaza. Nadie se explicó cómo el presidente baskonista, Josean Querejeta, lo dejó escapar entonces. Alicante le dio el trampolín para saltar a la casa blanca. Su integración en la ciudad bañada por el mediterráneo fue envidiable; la afición lo adoraba y él se compró un piso, con la idea de «tener aquí mi segunda casa». «Es el tío más educado que he visto en mi vida», señala un periodista de un diario alicantino. Ese ambiente idílico se deterioró la semana pasada, cuando el presidente del Lucentum, Luis Castillo, le acusó de negociar con el Madrid a sus espaldas. «Con Luis tengo una relación afectiva fuera de lo normal, y es normal que mi marcha afecte a la sensibilidad dentro de la relación, porque él tiene que velar por los intereses del club», confesó Lamas. Con apenas nueve años, Lamas fue reclutado por el San Andrés en unos campeonatos nacionales que organizaban los ayuntamientos de Argentina. Subió a Primera y lo dejó. «No era muy bueno, la verdad», asume sin complejos. A los 22 se convirtió en asistente del legendario León Najnudel y con 24 ya era profesional. A los 32 llegó a ser el seleccionador argentino más joven de la historia, prodigando un tic que mantiene hoy en día: echar un trago de agua cada poco tiempo. Una carrera fulgurante.