Las elecciones a la presidencia del club levantino han destapado una serie de acusaciones cruzadas entre los candidatos que reflejan la caótica situación económica de la entidad. Un campeón venido a menos. El Valencia pasó esta temporada sin pena ni gloria por la Liga y la Champions. Benítez se quejó amarga y reiteradamente de la ausencia de fichajes. Desde el consejo de administración se hizo mutis por el foro. Y ahí quedó la cosa. Hasta que el ex presidente Francisco Roig comenzó su particular guerra para provocar la convocatoria de elecciones. Lo consiguió con un argumento de peso: el club tiene una deuda de unos 130 millones de euros (sensiblemente inferior a la del Deportivo, que es de unos 144) y debe sanear su economía. El día 14, los accionistas lo decidirán en las urnas. O no, porque la intención de todos los candidatos a la dirección del club es conseguir el mayor número de títulos y asegurarse la victoria a golpe de talonario. Se pagaron 600 euros por acciones cuyo valor nominal era de 48. Pero, si el club vive en una alarma económica constante, ¿por qué la poltrona presidencial es tan codiciada? la respuesta podría estar en uno de los puntos de la candidatura de Jaime Ortí: la construcción de un nuevo Mestalla para paliar la deuda. Esto supondría un pelotazo de considerables dimensiones. Hay que tener en cuenta que el patrimonio ché es el clavo ardiendo al que se agarra el club. De hecho, una fachada del estadio se encuentra hipotecada. El cruce de acusaciones entre los candidatos está arrojando luz sobre el momento actual de las arcas valencianistas. «Las cuentas del club parecen el secreto de la Coca Cola», espetaba Roig, quien a su vez fue acusado de haber destinado dinero a fichajes fantasma en su época como presidente y, sobre todo, de haberse hecho con miles de acciones a través de testaferros tras haber promovido una gigantesca ampliación de capital de 4?8 millones de euros y 102.000 títulos. Ahora controla unos 35.000 (sobre 195.000), lo que supone el 20% y desea llegar al cuarenta para controlar la sociedad anónima. Pedro Cortés tampoco se libra y se le echa en cara el haber inflado el sueldo de futbolistas de bajo nivel. La candidatura de Roig elaboró un estudio según el que las obligaciones a corto plazo y los gastos supondrían 140 millones de euros, mientras que los ingresos por temporada serían de unos 45 millones. Asimismo, explica los puntos que generaron pérdidas, entre los que se encuentra el préstamo negociado con Bancaja (5?88 millones), el préstamo al Atlético en el caso Torres (2?40 millones), la Fundación (123.000 euros) y la gestión ordinaria (24 millones). Para el futuro, el Valencia se ha alineado con el G-12 para negociar sus derechos televisivos (por los que Roig afirma poder obtener 240 millones). Mientras, Hacienda le busca las cosquillas al club investigando el paradero de unos 2?9 millones de confuso destino, además de haber cerrado hace un año un acta por la que le reclama 13?8 millones de euros. Paco Roig, Pedro Cortés, Manuel Llorente (consejero delegado y ex gerente) y Vicente Andreu (consejero económico) están siendo investigados.