El precio del silbato

Pedro J. Barreiros REDACCIÓN

DEPORTES

La Administración indemnizará con 600 euros a un agente de Tráfico al que sus mandos prohibieron ejercer como colegiado cuando militaba en la Regional Preferente gallega

03 jun 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

La vida de Miguel Alijas ha cambiado en los últimos ocho años. Entonces, sus mandos en la Guardia Civil le impidieron continuar adelante con su gran pasión: arbitrar partidos de fútbol. La pesadilla terminó a principios de 1999, cuando el Tribunal Superior de Xustiza de Galicia reconoció que podría volver a pitar. «Aún no entiendo por qué me habían declarado incompatible, si lo que ganaba apenas me daba para pagarme los desplazamientos a los campos», recuerda. No obstante, el agente -que tras iniciar su carrera en la Benemérita en Corcubión, en plena Costa da Morte, había sido destinado a Lanzarote- nunca más volvió a vestirse de negro. «Me quitaron la ilusión y me embarcaron en un proceso que me ha costado mucho dinero», asegura Alijas, que estuvo representado por el bufete Castreje - Patiño. Pero hace una semana todo terminó: la Audiencia Nacional falló que debe ser indemnizado con 601,01 euros (100.000 pesetas), una cantidad que, según afirma, no deja de ser un tardío reconocimiento moral a una carrera como colegiado que apuntaba a lo más alto. «Mis propios compañeros me decían que podía llegar lejos; como árbitro estaba a punto de dar el salto a Tercera, pero como línea ya había participado en partidos de Segunda B, con árbitros de mi tierra, Zamora», explica. Pero aquellos tiempos quedan lejanos. Actualmente se encuentra destinado en Segovia, tiene dos hijas (una de 11 años y otra de 7) y su forma física ya no es la de antes. «Arbitré mi primer partido en Preferente con 18 años y guardaba la ilusión de llegar a lo máximo; ahora tengo 32 y ¿adónde voy a ir?», se pregunta con amargura. Miguel Alijas escogió en aquel momento su trabajo por encima de una profesión en la que desconocía qué futuro le esperaba. «Por un lado estaba lo que me daba de comer, y por el otro -añade- una afición, una forma de mantenerme en forma; no había nada que elegir». El agente recuerda con añoranza su época como árbitro. «No tenía ídolos y tampoco me consideraba muy tarjetero; al contrario, me gustaba dialogar, algo que también trato de seguir como guardia, no me gusta sacar las cosas de quicio», asegura. Como todo aficionado al fútbol, tiene su corazoncito unido a los colores de un equipo: la Real Sociedad. «No es porque vaya primero, ya me gustaba de chaval, cuando ganó la Liga y tenía muchos jugadores en la selección: Arkonada, López Ufarte, Zamora,...», apunta. Cuando regrese a Corcubión, donde dejó muchos amigos relacionados con su profesión, a buen seguro que recordará sus tiempos en los campos de fútbol. «Ha vuelto a Galicia para testificar en varios juícios y hace poco que estuve de vacaciones en Vigo, pero estoy deseando volver a visitar la Costa da Morte», afirma. Eso sí, matiza que su mujer sí que salió ganando con su retirada del traje corto: «Dice que así puedo pasar más fines de semana con ella».