El derbi más galáctico

Fernando Hidalgo Urizar
Fernando Hidalgo A CORUÑA

DEPORTES

Celta y Dépor se juegan hoy en Balaídos mucho más que derrotar a su eterno rival

23 may 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

Si antes de comenzar la Liga, Irureta y Lotina llegan a saber que a falta de cuatro jornadas llegarían al derbi con sus objetivos a tiro, firmarían. Lo harían incluso a sabiendas de que ese mismo objetivo pudiera esfumarse después de la disputa del clásico. Y ante semejante situación nos encontramos. El Dépor podría dar un nuevo giro a la clasificación liguera si vence en Balaídos. Y el Celta podría recuperar su puesto en la Champions si derrota a su eterno rival. Para ambos conjuntos sería como matar dos pájaros de un tiro, algo así como mezclar el placer con el trabajo. El de hoy será un derbi para futbolistas maduros. Y no tanto por el desborde pasional que este tipo de choques supone y que suele conducir a un juego tan vibrante como impreciso que al final se decide en favor del que menos falla. El Celta-Dépor de hoy pone a prueba la grandeza de ambas escuadras. La clasificación supera al derbi en sí mismo. Ganar hoy (nueve menos cuarto en pago por visión) supone salir victorioso de una batalla que puede decidir la guerra. El campeonato ha llegado a ese embudo del que sólo se puede salir de uno en uno, con unos delante y otros detrás, con perdedores y ganadores de verdad, nada de ocasionales héroes ni fugaces fracasados. Y en ellas están estos dos clubes que han dado lustre a Galicia y que han sido capaces de sobreponerse a todo tipo de adversidades en una temporada durísima. El Celta apostará por su solidez defensiva; por el joven Ángel y el experto José Ignacio en el centro del campo; y arriba por ese diablo del balón que es Edú; la calidad de Gustavo y la resurrección de un ex goleador llamado Catanha. E Irureta recuperará a Molina, dará el centro del campo a su pareja más sólida: Mauro y Duscher; y confiará en que Valerón conecte con Makaay para que el holandés se apunte su primera muesca en un derbi, casi la única asignatura pendiente del más que posible balón de oro.