Hoy se celebra el rally de Noia, la segunda prueba del calendario gallego. La Voz compartió una jornada de preparación con el actual campeón y favorito al título
25 abr 2003 . Actualizado a las 07:00 h.Manuel Senra le dolía la espalda el miércoles por la tarde. «Será de durmir moito», intuía. Eran casi las ocho y se dirigía a las afueras de Noia, a las mismas carreteras angostas por las que hoy correrá con su Peugeot 306 Maxi, presumiblemente para colocar una muesca más con la que renovar su título de campeón gallego en asfalto. Aunque el vehículo no era el oficial, la campiña pasaba demasiado rápido a través de los cristales. Era el día del libro y Faustino Suárez, el copiloto, rindió su particular homenaje a Cervantes repasando las notas con las que describía los tramos a su compañero. «Rasante, seguido, tercera, menos-menos...». Dos años después de la última edición del rally de Noia, las indicaciones de su libreta son válidas aunque no del todo fiables. «Atención gravilla», «Nada, nada, aquí quita gravilla», le replica Senra. «Dereita, larga, a tope, ollo, con gravilla». «Aquí tampouco», le vuelve a corregir durante el tramo de Fruime. «E que hai dous anos había moita máis gravilla», le aclara al periodista, instalado en el asiento trasero. El motor del Peugeot altera el silencio de San Finx. Como una tormenta, Senra se deja oír mucho antes de hacerse ver. Algunas repentinas bandadas de pájaros indican la coordenada exacta por la que acaba de pasar el piloto de Dumbria, que hace rechinar sus neumáticos cuando la curva se hace exigente. Sin olvidar el trabajo De repente, Senra arrima el vehículo a la cuneta y se apea sosteniendo su teléfono móvil azul. «Sí, sí, non hai problema, pero ¿cuándo recolles o coche?». Una llamada de trabajo, su concesionario de venta y reparación de la marca. «Para participar nas probas necesítanse moitos cuartos, porque nin gañando campeonatos», aclara tras atender la llamada. «O outro día en Lalín (primer rally de la temporada) déronnos unhas catrocentas mil pesetas por gañar, cuando só por ir gastamos o dobre». Lo del móvil es una constante. «No descanso dalgún ralli xa ten vendido algún coche», se mofa su copiloto. El reconocimiento de tramos pasa por Ponte Nafonso y llega a Lousame. Siguen puliendo los apuntes de Faustino. «¿Qué curva dis?, tacha iso e aquí ponlle trinta». Y por supuesto kilos de gravilla que se han esfumado en los dos últimos años. El código Faustino-Senra se vuelve enxebre en los metros más comprometidos. «Ollo, ochenta, dereita, a tope, ollo, jodida, jodida». Tras ocho años de convivencia en rallies la confianza acaba supliendo a los tecnicismos. Sólo en el desplazamiento a los tramos el motor permite oír la radio. El Real Madrid va ganando al Manchester United. No todo va a ser coches y velocidad. En una curva ascendente de Lousame, una veintena de chavales jalean el paso derrapante de Senra. «Vamos, Tarolo», le gritan. Y Faustino sigue cantando curvas. «Primeira, ollo puente». Pero el puente es demasiado estrecho. «A ver como encaixo por aquí o 306 o sábado», se interroga el piloto. Mejorar Fin del reconocimiento. Resultado no satisfactorio. «Este rally témolo moi verde, pasamos curvas que non tiña», dice Faustino en relación a sus notas, que se dispone a pasar a limpio. «Incluso corrixo cousas no propio día de competición, sáeme por inercia», explica. Pero también desmitifica el carácter vital de sus papeles. «En Lalín, Senra dixo que notaba algo nos pés, era a tapa do altavoz e tívenlla que coller eu, evidentemente fixemos medio kilómetro sen cantar as curvas», recuerda el copiloto. Uno de los jóvenes admiradores de la cuneta se acerca al dúo de Peugeot, que descansa apoyado en el coche antes de regresar a Dumbria. «Boa pasada, pero se pode mellorare, ¿ou?». Senra no responde. La respuesta se la dará hoy.