El Dépor amenaza el imperio

Fernando Hidalgo Urizar
Fernando Hidalgo A CORUÑA

DEPORTES

RAQUEL P. VIECO

Los blanquiazules intentarán dar hoy un golpe de mano a la Liga con una victoria en el Santiago Bernabéu ante el Real Madrid de las megaestrellas.

22 mar 2003 . Actualizado a las 06:00 h.

La sombra del centenariazo planea de nuevo sobre el Santiago Bernabéu. Apenas hay deportivista que no piense, poco más de un año después de aquel acontecimiento, en una reedición del triunfo histórico en la Copa. Se trata de la ilusión de repetir una gesta cargada de simbologías y sustentada en la excelente racha liguera con la que el grupo de Irureta llega a la cita. Sin ser una final, el de esta tarde, (20:30, Canal Plus), es de esos encuentros sin retorno, con serias consecuencias para el perdedor y con sabor a título para el ganador. El favorito es el Madrid, no porque lo diga Jabo, muy amigo de dar ese papel a cuanto rival se le pone por delante; y sí porque la realidad, sin ser única, a veces es incuestionable. El Madrid juega al amparo 75.000 de sus más fieles seguidores, lo que ya significa una gran diferencia con aquella final copera en la que 25.000 sacrificados hinchas se desplazaron desde A Coruña. El Real cuenta con todas las estrellas de su galaxia. Y, además, tiene la costumbre de motivarse como nadie cuando hay algo en juego más allá de tres simples puntos. Todo lo anterior es cierto, pero gran error cometería el equipo blanco si cayera en la trampa de creerse ganador sin bajarse del autobús. El Dépor ha evolucionado mucho en los últimos años hasta el punto de que siempre ha sido capaz de afrontar los encuentros de alto nivel. Incluso cuando los ha perdido, ha dejado tras de sí un halo de conjunto capaz de derrotar a cualquier grande de Europa. En cualquier caso, el partido de esta tarde se presenta paradigmático de lo que es y ha sido la Liga española en las últimas temporadas. Un gran favorito por decreto ley, el Madrid. Y una alternativa a todo a golpe de trabajo, buen hacer y de superar todas las adversidades, el Deportivo. Resulta curioso que dos clubes a los que separan tantas diferencias hayan llegado a equipararse sobre el terreno de juego. Realmente, un simple repaso a las dos plantillas puede llegar a desanimar al forofo más forofo del Deportivo. Los coruñeses tienen una serie de excelentes jugadores, algunos de ellos magníficos; los blancos tienen lo mejor del mundo. Bien pensado, roza lo milagroso que el cuadro blanquiazul pueda llegar a intimidar a todo un Santiago Bernabéu (que nadie lo dude, hay pánico en Madrid a la visita del Deportivo) con futbolistas como Héctor, Andrade, Romero o Scaloni, que han conseguido, cada uno a su manera, y todos ellos con el denominador común del esfuerzo, codearse con los grandes. Las estrellas del Dépor cotizan menos que las del Madrid; y los futbolistas de segundo orden del Madrid también están por encima de los secundarios deportivistas. Y en cambio, el Dépor puede ganar. Este es el gran milagro del Dépor de Irureta, que puede tratar de tú a los galácticos y que puede bajarlos a la tierra. Precisamente, hoy se hace imprescindible una de esas grandes gestas blanquiazules, porque el triunfo tendría ya aroma de Liga, mientras que la derrota catapultaría a los de Del Bosque. El partido exige lo mejor de los coruñeses: a ese Molina que ordena y manda sobre la defensa; a una zaga sin fisuras; al Mauro de la final de la Copa, ese que dicta su ley en el centro del campo; a ese Fran que entiende como nadie los secretos del balón; al Makaay que recibe una y marca tres; a Tristán el blanco y no a Tristán el gris; al Scaloni capaz de pasar por encima de una montaña... La Liga está en juego y el Dépor amenaza el imperio blanco.