Balón de oro

GASPAR ROSETY

DEPORTES

RAÚL parece haber nacido para batir todos los récords. Desde que un buen día fueron a buscarlo a la Colonia Marconi, un lugar humilde en una barriada humilde del extrarradio de Madrid, no ha parado en su camino hacia la cumbre. Mucho se ha criticado que no sea el mejor en nada, que no tenga buen tiro desde lejos, que no goce de un increible regate, que lo suyo no sea el pase largo, que no se trate de un delantero centro a la antigua usanza y otras lindezas. Sin embargo, en su conjunto, es el mejor, el que todos los equipos sueñan con tener. Llevo algún tiempo siguiendo a Raúl, tanto con el Madrid como con la selección y son muchos partidos, muchas jugadas, muchos goles, muchos quiebros, muchos pases los que he visto del futbolista al que un día bauticé como pata negra . Tengo la sensación de que los que podemos verlo en acción pertenecemos a un sector privilegiado. Su juego, su fútbol y sus resultados son admirables, pero lo que me llama la atención es su raza, su carácter. Hay futbolistas dotados de un clase extraordinaria pero ninguno resiste lo que aguanta Raúl. Su tenacidad, su constancia, su perseverancia lo distingue del resto. Por eso llega a balones a los que nadie intentaría llegar, marca goles que casi nadie lograría y tira de un equipo del que nadie puede tirar. Lamento todavía hoy que Camacho, en lugar de cebarse con un pobre árbitro africano, no hubiera sacado a Raúl al final del partido o en la prórroga contra Corea. Los hombres siempre pueden arrepentirse de lo que han hecho pero es peor lamentar lo que no se intentó. Raul está haciendo méritos más que sobrados para que le concedan el Balón de Oro, su palmarés es la envidia de los grandes de Europa pero su marketing falla. Y parece injusto que le sea negado el mérito cuando éste resulta evidente.