Catorce jornadas sin ganar no quiebran la confianza de Isidro Silveira en un técnico que dice que es «uno de los culpables», pero que está convencido de salvar al equipo
10 mar 2003 . Actualizado a las 06:00 h.«Hasta sin entrenador resulta casi imposible sumar catorce jornadas sin ganar. Pero sólo tenemos la permanencia a dos puntos, y estoy convencido de que nos vamos a salvar». Luis César Sampedro (Vilagarcía de Arousa, 1966) es el primer sorprendido por la crisis de su equipo. Y el fútbol español el más perplejo ante la confianza que el presidente del Racing, Isidro Silveira, conserva en su entrenador incluso tras caer del séptimo al penúltimo puesto. Claro que poco hay de convencional en el modo en que edificaron el sueño del club más modesto de la categoría desde que Arteche lo ascendió y el portero suplente tomó el testigo. Luis César logró cierta fama de técnico valiente gracias al rendimiento que sacó de la escasez de sus plantillas en las dos campañas anteriores. Técnico de fuertes convicciones, que expone todas las semanas en las (casi siempre) informales reuniones con su presidente y valedor, atraviesa su peor momento ahora que dispone de un puñado de rostros reconocibles. Salvo Cuéllar, su valor más fiable del vestuario, pocos se salvan de la quema. Los fichajes del invierno no encajaron. Ni Ramis ni los internacionales uruguayos Chispa Delgado y Gallego Martínez rinden lo esperado. Y su llegada, junto a las lesiones del Tanque Pezzarossi y el regular Sito coinciden con el inicio de la crisis en Ferrol. Quizá el problema resida en la filosofía que le impone al club su modestia: cambios constantes. Luis César es el maquinista de una noria por la que, en tres años, pasaron 120 jugadores, entre fichajes (74) y pruebas (46). Y esta vez, la moneda salió cruz. Los cambios fueron a peor en un grupo que, según el técnico, tenía mejor pinta que otros años. Pese a la dilatada crisis, Silveira sólo exhibió fisuras en su respaldo a Luis César cuando, en caliente, declaró a La Voz que aceptaría su dimisión. «Desde entonces ya hablamos y me transmitió la seguridad que tiene en mí. Pero también sé que hay que ganar. Soy uno de los culpables, pero como todos. Me gustaría que se valore la cuota de responsabilidad de un entrenador en los fracasos y en los éxitos», argumenta. En busca de los responsables que puedan frenar la cuesta abajo, el entrenador probó con 24 alineaciones distintas en 26 jornadas. Quizá la haya encontrado en el once que en la segunda parte acorraló al Zaragoza. «Si fuimos competitivos ante un rival así, podremos serlo ante cualquiera. Todo pasa por ganar pronto un partido. Sólo estamos a dos puntos de la salvación», insiste Luis César, quien dedicó parte del día de ayer a aislarse de su entorno y hacer senderismo por Arousa. A lo mejor, reflexionó sobre la máxima que comparte con un entrenador de su quinta, Lucas Alcaraz, y que traicionó este año. «Prefiero jugadores que quieran ser algo a los que lo hayan sido». Mientras, Silveira espera a que un día acabe la crisis y demuestre su acierto, como hace un par de años al mantener a Luis César pese a estar a siete puntos de la salvación: «Siempre confié en él. Es el único que nos puede sacar de este lío. Es una falacia que un cambio sea un revulsivo. Los presidentes cambian a sus entrenadores para usarlos como escudos ante las críticas».